Mariposa, una gatita con epilepsia

En abril del 2016 decidí ser casa de acogida para algún gatito de una asociación protectora local que, a falta de gatera en su refugio, solicitaba constantemente, a través de las redes sociales, voluntarios para acoger en sus casas a los gatitos que estaban a la espera de conseguir hogares permanentes. Un día me llamaron para que fuera a recoger un gatito que estaba en acogida pero que, por problemas de alergia de uno de los miembros de la familia, debía ser reubicado. Me puse en contacto con la persona que lo tenía y quedamos para pasarme a recogerle. No pregunté nada más. Solo sabia que era un gato que necesitaba un hogar temporal.
Cuando llegué me encontré con una preciosa gata tricolor llamada Mariposa, de enormes ojos azules, que había perdido una pata tras haberse caído de un balcón o, al menos, esa era la poca información que se tenía de ella. Era, y es, un ser adorable que se acerca a mi cara y me da un beso en los labios cuando le apetece.

Me robó el corazón enseguida, hizo una bolita con él y se lo metió en algún pequeño bolsillo que tiene escondido dentro de su gatuno cuerpecito peludo. Una vez que comprobé que mi perra Lola y ella podían convivir sin problemas decidí adoptarla.

Aquello de “se llevan como perros y gatos” es una leyenda urbana

La primera vez que noté que algo raro le pasaba fue unas semanas después de su llegada a nuestras vidas.
Dormía en mi cama, se despertó sobresaltada, con las pupilas dilatadas y comenzó a dar vueltas de manera ansiosa mientras jadeaba, como si intentase perseguir su propio rabo. Esto duró unos pocos minutos, luego se calmó, y volvió a dormirse.
Casi al año y medio pasó algo parecido. Mariposa tiene un cojín sobre mi escritorio y, algunas veces, duerme allí mientras estoy delante del ordenador. Una tarde, se despertó súbitamente, y comenzó a dar vueltas como aquella noche. Enseguida, la cogí en brazos y la llevé a mi cama para evitar que se cayese del escritorio y se hiciese daño. Durante el trayecto, tuvo un escape de orina y, ya en la cama, babeó un poco. Esta especie de “ataque” demoró un poco más que el de aquella primera noche, la dejó agotada pero se recuperó pronto, comió con mucho apetito y continuó con su siesta sobre mi cama.
El 17 de mayo de 2018 volvió a suceder. Fue en este momento cuando decidí comentarlo con nuestra veterinaria. Me dijo que podría sufrir de epilepsia, pero era pronto para saberlo, que la mantuviese bajo observación y apuntara las fechas, horas y condiciones en las que se encontraba la gatita en el caso de que se repitiese el ataque.
El 9 de agosto le ocurrió de nuevo, de manera muy similar a la vez anterior pero, cuando el 3 de septiembre se repitió ya mi preocupación aumentó ya que, entre ambos ataques, solo había transcurrido un mes. Además, éste fue mucho más fuerte, tuvo pequeñas convulsiones y se le desencajó la mandíbula mientras mordía el edredón de mi cama. Yo lloraba sin saber que hacer y Lola corría de un lado a otro y gemía, como si supiera que algo malo le pasaba a su hermanita felina.
La llevé a la Clínica Veterinaria El León Dormido, para que la viera nuestra veterinaria, Julia Ripa, y le recetó un fármaco anticonvulsivo, media pastilla cada doce horas, que es lo que corresponde a un gato de su peso. Me explicó que el objetivo de este tratamiento era reducir la frecuencia y la severidad de las convulsiones o, en el mejor de los casos, evitar que se presentaran los ataques en el futuro. El tratamiento se considera efectivo si hay, al menos, una reducción de 50% en el número de ataques producidos durante un tiempo especifico. En el caso de que la medicación diese un buen resultado, era conveniente hacerle analíticas de sangre para confirmar que la dosis administrada era la correcta y detectar si se producía algún efecto secundario, especialmente en el hígado. Así me lo explicó:

“Cuando tenemos un animal que está tratándose con Fenobarbital, que es uno de los tratamientos anticonvulsivos más usados y el más eficaz, aunque existen otros, hay que tener en cuenta que éste fármaco se concentra en la sangre después de un metabolismo hepático. Cada animal, o cada persona, según sea el caso, lo metaboliza de una manera distinta, por lo que la cantidad que se acumula en la sangre, una vez iniciado el tratamiento, puede ser diferente aunque se administre la misma dosis en cada paciente. Aquí reside la importancia de realizar mediciones o monitorizaciones periódicas del Fenobarbital en sangre. Hay unos valores estándar, determinados por los laboratorios, que van desde los 14 a los 35 microgramos de Fenobarbital por mililitro de sangre, que indican la cantidad suficiente requerida para controlar los ataques convulsivos que pueden causar daños en el cerebro del animal que los padece. La epilepsia no tiene cura, lo que se intenta es reducir o frenar los brotes convulsivos.
Hacer mediciones periódicas del Fenobarbital, tomando la muestra de sangre unas horas concretas después de la toma habitual del medicamento, que es cuando se produce el pico de mayor absorción del producto por el organismo, permite saber si su concentración se encuentra dentro de esos valores y así comprobar que la dosis administrada es la correcta o si hace falta aumentarla o reducirla, en el caso de que se encuentre por debajo o por encima de ese rango, respectivamente.
Por otro lado, una analítica periódica de la sangre del animal permitirá saber como está funcionando el hígado porque, al estar trabajando más de lo normal en el proceso de metabolización del fármaco, pueden presentarse fallos hepáticos que se manifiestan con el aumento de enzimas como la fosfatasa alcalina (FA), la transaminasa alcalina (ALT) o el aspartato de aminotransferasa (AST). Si vemos que los valores de las enzimas hepáticas se salen mucho del los intervalos normales, se puede administrar al animal un protector hepático, reducir la dosis del Fenobarbital o cambiar a otro fármaco, según el criterio del veterinario”.

Julia Ripa, veterinaria de la Clínica El León Dormido de Logroño

Le di la primera dosis a primera hora de la mañana siguiente y la gatita se sumió en un profundo sueño que no era normal en ella. Llamé a Julia antes de darle la segunda dosis del día para preguntarle si era posible reducir la cantidad y me dijo que un cuarto era muy poco, así que le diese una cantidad intermedia entre un cuarto y media pastilla, cada doce horas.

Han pasado casi cinco meses desde que comencé a administrarle el medicamento y los ataques no han vuelto a producirse ¡ni uno, que yo haya visto!. Esta semana le hemos realizado una analítica y los resultados han arrojado que el Fenobarbital acumulado en su sangre está por encima de los 30 microgramos por mililitro de sangre, pero no superan los 35 microgramos, que es lo más alto de la escala considerada como efectiva.
Le pregunté si podía bajarle un poco la dosis, aprovechando que la cantidad presente en su sangre estaba más cerca del valor más alto que del bajo, porque, aunque Mariposa es poco activa, supongo que debido a que perdió una pata, a partir del inicio del tratamiento yo notaba que se había hecho aún más inactiva. A Julia le pareció bien la reducción de la dosis, siempre y cuando repitiésemos la medición del Fenobarbital en sangre dentro de tres meses. Y así lo haremos.

A Mariposa le gusta el verano… Tomar el sol y oler las flores.

Un perro o gato con epilepsia puede llevar una vida perfectamente normal si recibe la medicación adecuada. La observación y las revisiones periódicas nos dirán con detalle como está su salud y, lo más importante, es que se reducirán o, en el mejor de los casos, desaparecerán los ataques convulsivos. Mariposa es la gata más dulce que nadie se pueda imaginar y para mí es un placer, y una prioridad, darle su medicación cada doce horas. Es lo menos que puedo hacer para agradecerle toda la dulzura y serenidad que le ha aportado a mi vida desde que sus patitas pisaron nuestra casa.
No tiene ningún problema para tomarse el medicamento. Se lo meto dentro de una golosina blanda y ella se la come encantada. Incluso sabe ya la hora a la que le corresponde la rica “merienda” y maúlla para pedirla. Lola aprovecha la situación y se pone cerca para disfrutar parte del manjar de su hermana.

Si tu gato o perro presenta síntomas como convulsiones espontáneas y recurrentes, rigidez muscular, dificultad para comer y/o caminar, pérdida del equilibrio, hiperventilación, hiperactividad, nerviosismo, sumados a producción anormal de babas y dilatación excesiva de las pupilas, entre otros síntomas, no dudes en consultar con un veterinario.

Es muy triste que una asociación protectora de animales tenga que publicar algo así. Medicar a un animalito que sufre de algún problema de salud no es un problema, es lo menos que se merecen de nuestra parte. Foto: muro del perfil de Facebook de Animales Rioja

Promueve el respeto por los animales ¡apuesta por los productos veganos!

El diccionario de la lengua española indica que el vegano es aquel que practica el veganismo que, a su vez, es definido como la actitud consistente en rechazar alimentos o artículos de consumo de origen animal.

Aunque muchos ven a los veganos como personas que no se alimentan de animales ni productos derivados de ellos, la verdad es que ésta práctica va más allá. Según el blog filosofiavegana.blogspot.com

“El veganismo es esencialmente un principio moral específico que se resume en la idea de no utilizar a los demás animales —los animales no humanos. No utilizarlos para ningún propósito ni en ninguna forma.

En la práctica, el veganismo significa dejar de participar en la explotación animal. Por ejemplo: no consumir productos de origen animal, ya sea con fines alimenticios, de vestimenta, higiene, ocio o entretenimiento; así como no participar en ninguna actividad que implique utilizar a los otros animales.”

Para los amantes de los animales, cada día es más duro ver como se vulneran los derechos de estos seres en nuestro “beneficio”. Por supuesto, esto es un maltrato hacia unos seres que nos demuestran constantemente poseer, en muchos aspectos, una inteligencia superior a la nuestra. Basta con analizar por un momento el impacto negativo que las actividades del ser humano tienen sobre el planeta en el que todos vivimos, mientras que los animales muestran un respeto innato por el ambiente que les rodea, su equilibrio y la relación con las especies con las que conviven.

El camino hacia una vida vegana no es sencillo en una sociedad donde la alimentación se basa en productos procedentes directamente de los animales. Pero esto no significa que no podamos avanzar en un camino amable con los animales, sumando gestos que encaminen nuestros hábitos de consumo a productos más respetuosos con las especies con las que compartimos este planeta, que es tan nuestro como suyo.

VISTE VEGANO

Las opciones para utilizar ropa, calzado y complementos confeccionados sin utilizar materiales derivados de los animales son muy variadas.

Evitemos las prendas manufacturadas con cuero, piel de animales como cocodrilos, serpientes, canguros, corderos, entre muchos otros; seda, lana, angora, pashmina, casimir, shearling (piel o gamuza con lana), pelo de camello, visón, conejo… También podemos prescindir del vellón, el mohair, la gamuza, las plumas y los adornos de piel.

En cambio, digamos sí a materiales hechos por el hombre como piel sintética o poli piel, algodón, lona, nailon, poliéster, rayón, microfibras, franela de algodón, tela vaquera, sarga, lino, entre muchos otros. El neopreno se esta utilizando para la manufactura de calzado de invierno con excelentes resultados.

En la actualidad se están desarrollando nuevas opciones de tejidos, que además son sostenibles, a partir de piel de naranja, cáscara de plátano, restos de café, botellas de plástico, bacterias, hongos y hasta estiércol de vaca.

“Todo esto trae consigo una evolución en la manera de hacer las cosas, nuevas técnicas con cambios reales para modificar la forma de producir. Todo para contribuir a paliar el daño que sufre el planeta por causa de la deforestación y la contaminación.” según un artículo del blog http://thecircularproject.com/

ELIGE PRODUCTOS NO TESTADOS EN ANIMALES

Por suerte, una simple búsqueda en internet te puede llevar a muchos listados de marcas que producen cosméticos, artículos de higiene personal y de oficina no probados en animales, a la venta en diferentes países. Cada día más marcas apuestan por erradicar la crueldad hacia los animales de sus procesos de producción y pasan a formar parte de estas listas, cada vez más consultadas por clientes que se preocupan más por lo que sucede detrás de lo que compran.

Algunas de estas marcas, amigables con los animales, son tan conocidas como Botegga Verde, Rituals, The Body Shop, entre muchas otras.

Puedes consultar la lista de las empresas que NO testan en animales aquí: http://www.consumetico.org/es#.W3WtHpMzbMU

Si, por el contrario, quieres hacer una búsqueda inversa, es decir, la de las marcas que SI testan en animales, visita este enlace: https://potisman.com/marcas-que-si-testan-en-animales/

Ten siempre presente que, como consumidor, tienes el derecho a conocer cómo y con qué se elaboran los productos que compras. Sé selectivo. Compra con el bolsillo y con la conciencia.


Si amas a los animales, apúntate a llevar un estilo de vida cada vez más cómodo, sostenible y amable con ellos. Promueve el respeto por los animales.

Todos los productos Kucoo Hecho a Mano están confeccionados con materiales libres de crueldad hacia los animales.

¿Se te ocurren otros hábitos que nos conduzcan dejar de participar en la explotación animal? Nos encantará que nos los comentes.


Enlaces de interés:

Disfruta con mayor libertad de tus paseos perrunos

Cuando damos un paseo con nuestro perro, necesitamos tener las manos libres para llevar la correa o premiarle cuando hace algo bien, por ejemplo.

Pero es normal que salgamos de casa cargados de cosas: el móvil, las llaves, algo de dinero, galletas, bolsas. Llevar un bolso al hombro puede resultar incómodo, y no hablemos de llevar los bolsillos llenos con todas estas cosas.

Para que tus paseos sean más cómodos y agradables, como lo son ahora los míos, Kucoo Hecho a Mano ha diseñado el Kit de Paseo Perruno Kucoo.

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Está compuesto por un pequeño bolso con el tamaño justo para llevar esas cosas, imprescindibles a la hora de salir con tu perro. El bolso está acolchado y dispone de un bolsillo interior para que separes el teléfono de las llaves del móvil y otros objetos que puedan rayar su pantalla con el roce. También tiene un pequeño y decorativo bolsillo exterior. Con uno o dos prácticos mosquetones, incluidos en el kit, puedes sujetarlo del asa de la correa de tu perro o de su propia asa para llevarlo al hombro o como bandolera.

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El kit incluye un collar y una correa a juego y de la talla que le corresponda a tu peludo. No lo pienses más, y disfruta con mayor libertad de tus paseos con el Kit de Paseo Perruno Kucoo.

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Mira el vídeo en Vímeo

Cubreorejas o “Dog Snood” ¿estética o utilidad?

Los que convivimos con un perro de orejas largas y caídas, como el Basset Hound, el Sabueso, el Beagle, el Cocker Spaniel, el Springer Spaniel o el Teckel, entre otras muchas razas, sabemos que requieren cuidados especiales propios de esta característica física que los hace tan especiales.

Estos perros son propensos a infecciones del oído (otitis), producidas por la acumulación de levaduras y bacterias en el conducto auditivo externo debido a la falta de ventilación o a la humedad acumulada. Los síntomas que pueden manifestar son sacudidas frecuentes de la cabeza, el rascado constante del oído afectado, mal olor o secreciones.

Es importante comprobar frecuentemente que los oídos del perro se encuentren limpios. De no ser así, se recomienda una pronta revisión veterinaria para aplicar el tratamiento más conveniente y, posteriormente, realizar limpiezas periódicas en casa. Para Lola es un verdadero placer que le limpie los oídos. Está acostumbrada a ello desde muy pequeña y cierra los ojos y gruñe bajito de puro gusto.

Además de lo anterior, las orejas largas de estos perros están expuestas a las espigas, muy frecuentes durante el verano, a los pinchos –esas “cosas” redondas y molestas que se pegan del pelaje cuando hacen la “croqueta” que tanto les gusta a nuestros perretes, sobre la hierba–, la suciedad que recogen cuando arrastran las orejas para olfatear, la humedad, del suelo mojado o de su propio cuenco de agua e, incluso, los restos de la comida húmeda que les damos en casa. Para prevenir estos últimos problemas, un cubreorejas o “Dog Snood” resulta bastante útil.

Uso Dog Snood

El cubreorejas es una especie de redecilla que se coloca desde la parte alta de la cabeza hasta el cuello, sujetándose en esta zona gracias a dos bandas elásticas. De esta manera, en su parte central, las orejas del perro quedan resguardadas de los agentes externos antes mencionados.

Como es normal suponer, si tu perro no ha usado nunca un cubreorejas, es recomendable acostumbrarlo poco a poco, poniéndoselo primero por cortos períodos de tiempo que iremos aumentando progresivamente, mientras le recompensamos con mimos y alguna de sus golosina preferidas.

Aquellos perros que usen el cubreorejas a la hora de comer alimentos húmedos, lo asociarán con algo positivo, ya que todos disfrutan del momento de la comida.

Durante los meses de frío, los cubreorejas o “Dog Snood” protegerán a nuestros perros de orejas largas del frío durante sus paseos, si sufren de un resfriado, tos de las perreras o de otitis.

Ya ves, un cubreorejas, más que una moda o un complemento estético, es un accesorio que puede aportar muchas ventajas en el cuidado de los perros de orejas largas. Si consideras que a tu perro le conviene usar uno, pásate por nuestra tienda online. Allí los encontrarás con diferentes estampados y tejidos, que se adaptarán a tus necesidades.

¿Estamos realmente comprometidos con las mascotas?

Cuando el dinero escasea, es necesario establecer prioridades. Para los que tenemos el corazón comprometido con nuestros animales de compañía, su alimentación, cuidados y salud son, definitivamente, una prioridad.

Compromiso Lola
Lola y yo, siempre comprometidas la una con la otra.

Lamentablemente, muchas personas y familias, ven con dolor como su mascota enfrenta problemas de salud y no tienen recursos económicos para cubrir los gastos de un tratamiento veterinario. Es la cara oculta de la crisis para los propietarios de mascotas, agravada cuando el IVA en la sanidad de las mascotas se incrementó del un 8 a un elevadísimo 21%, muestra clara de que para los que dirigentes políticos los animales no son importantes.

Por suerte, hay muchos colectivos comprometidos con este tipo de situaciones. En las redes sociales encontramos noticias alentadoras de albergues que aceptan a personas sin recursos con sus mascotas. De animales que recubran la salud gracias a donativos de personas sensibilizadas.

De esta manera, me encontré un día con la iniciativa Compromiso Mascota, promovida por la Asociación Española de Veterinarios Clínicos (AEVET) quienes, preocupados ante el drástico descenso de visitas al veterinario y el aumento del número de mascotas abandonadas como consecuencia de la subida del IVA, se han propuesto demostrar rechazo su rechazo ante esta medida y concienciar acerca de la problemática que supone para los propietarios de mascotas el incremento de los impuestos a la sanidad veterinaria.

Compromiso Mariposa
¿A ver quién es el valiente que no se comprometería con la preciosa Mariposa?

Compromiso Mascota pone a la venta el “anillo de compromiso”, un símbolo mediante el cual los propietarios podemos sellar nuestro compromiso, no sólo con las nuestras sino, con todas las mascotas. Y es que el dinero obtenido con su venta es destinado, de manera íntegra, a cubrir los gastos veterinarios necesarios para salvar la vida de mascotas de personas sin recursos que necesitan atención médica urgente. El anillo es una preciosa correa roja, que te llega a tu buzón en una bolsita negra a cambio del pago de 6 euros (gastos de envío incluidos). Puedes adquirirlo a través del sitio web http://www.compromisomascota.com

Si eres un profesional veterinario, puedes adherir tu centro a esta iniciativa a través del mismo sitio de internet. Aún hay muchas provincias en las que no hay ningún centro adherido, mientras que en otras, como Madrid por ejemplo, hay una larga lista de clínicas veterinarias a las que las personas sin recursos económicos pueden acudir para recibir ayuda para salvar la vida a sus mascotas.

Compromiso CierreNada justifica el abandono de un animal. Pero de nada sirven las campañas de concienciación si no se crean los canales para que las personas que los queremos como lo que son, parte de nuestras familias, podamos recibir apoyo en situaciones críticas, como un problema de salud e, incluso, uno de carácter legal.

Muchos de los productos que confeccionamos, en Kucoo Hecho a Mano, invitan a declarar públicamente el amor que sentimos hacia nuestros animales con frases como “soy guau”, “con mi perro hasta el fin del mundo” o “quien tiene un perro, tiene un tesoro”. Con la compra y el uso de este anillo no sólo serás un exponente de este compromiso, sino que te convertirás en un actor participativo en ese gran movimiento que busca que los animales sean amados, respetados y considerados en este planeta que, también, es de ellos.

Propietario, veterinario ¡acepta el compromiso! Te enamorarás de esta iniciativa. Comparte tu compromiso para animar a más humanos a que se comprometan con las mascotas. Visita www.compromisomascota.com para obtener más información.

Rudy, o como criar a un cachorro y no morir de un ataque de nervios

Ya había escuchado varios comentarios acerca del nuevo chico del barrio, Rudy, un cachorrillo de Beagle con el que no había tenido el placer de coincidir. Un día, cuando regresaba a casa en compañía de una vecina que le conocía, nos encontramos con él, acompañado de su humana. Era un pequeño terremoto de orejas largas. No pude evitar cogerlo en brazos y disfrutar de que mordisquease el cuello de mi cazadora. Su humana le riñó con el típico gesto de señalarle con el dedo indice, mientras le decía que no debía morder. Inmediatamente, el briboncillo comenzó a aullar replicando a la reprimenda. En ese momento me di cuenta de que Rudy era muy parecido a Lola a su edad, inteligente, dominante y rebelde. Le dije a su humana que estaba segura de que su pequeñín sería protagonista de muchas historias.

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Rudy, castigado por haberse escapado y no volver cuando le han llamado.

Lola era un encanto para todos los que la conocían, pero para mí, encargada de su cuidado y educación, era un torbellino imposible de controlar. No soy una experta en comportamiento canino, pero el carácter de Lola me hizo ocuparme mucho de su disciplina durante sus primeros años, y hoy me siento orgullosa de los resultados. A los seis meses comenzó a abandonar el habito de hacer “sus cosas” en casa, gracias al refuerzo positivo de los premios y fue a partir del año y medio que  comenzó a atender a las pautas de educación que le impuse.

Hoy Lola no es, ni mucho menos, una perra modelo, pero es muy parecida a lo que quise que fuera cuando descubrí la fuerte personalidad que tenía siendo aún una bebida de tres meses.

Desde aquel primer encuentro con “el nuevo” del barrio han pasado unos seis meses y, actualmente, Rudy es un pequeño gamberro. Juega con todos los perros, sea cual sea su tamaño o edad. Roba cualquier pelota disponible y disfruta viendo como todos los perros corren tras de él intentando, sin éxito, quitarle ese tesoro. Aunque ya sabe como se llama, está claro que no le apetece destacar por obediencia. La mayoría de las veces, sus humanos optan por no soltarle, porque Rudy acostumbra a echar a correr con cualquier excusa y atraparlo luego es toda una odisea.

Su humana está al borde de un ataque de nervios. Me recuerda mucho a mí cuando Lola tenia unos ocho meses. Es por ello que decidí contarle algunas de las pautas que apliqué con Lola y que considero que fueron determinantes para nuestra actual convivencia.

1. El paseo es mucho más que un paseo. El paseo es una oportunidad ideal para crear lazos con tu perro y enseñarle disciplina y obediencia. Lola y yo teníamos que hacer un recorrido considerable antes de llegar a la zona del parque donde podía soltarla. Me agobiaba la manera desordenada y tirante con la que me llevaba. Observé que mientras más larga fuera la longitud de la correa, menor sería el dominio que ejercía sobre ella. Le hice un nudo a la correa de cordón que llevaba en aquel tiempo, a la distancia en la que me sentía en control de la situación y, al caminar por las calles transitadas, no dejaba que se separara de mí más de lo que el nudo indicaba. Con un ligero tirón de la correa la atraía hacia mi cuerpo cuando comenzaba a tirar, pero eso no era suficiente.

2. Enséñale a sentarse. Para un cachorro, permanecer sentado es una agonía, porque su joven cuerpo solo piensa en correr y jugar. Es por esto que aprender a sentarse es fundamental. Cuando iba con Lola de camino al parque, mi misión era que ella entendiese que no debía tirar. Cada vez que lo hacía, me detenía y la obligaba a sentarse mientras daba un fuerte golpe en el suelo con el pie. No importaba cuantas veces fuese necesario hacerlo durante el trayecto. La constancia es imprescindible. La fórmula era: tirón de ella = frenada+golpe en el suelo+indicación de sentarse. En cuanto se sentaba, esperaba unos segundos a que se relajase y luego echábamos a andar de nuevo.

Así, una, y otra, y otra vez, hasta llegar al parque. Me daba igual cuanto durase ese recorrido, tenía claro que, en nuestro caso, el viaje era más importante que el destino. Así un día, y otro, y otro más, hasta que ir de tiendas con ella ya no era un suplicio. Hoy, cada vez que me detengo y tenso la correa, se sienta. Cada vez que doy un golpe en el suelo con el pie, se sienta. Cada vez que le digo “sentada”, se sienta. He diseñado una correa con tres puntos de sujeción para poder permitirle diferentes distancias según sea el control que necesite ejercer sobre ella en un momento dado. No me gustan las correas extensibles. Prefiero las clásicas, más si son como la que le he confeccionado a Lola, que me permite acercarla a mi cuerpo de una manera cómoda y segura.

3. Galletas o chuches, esos grandes aliados. Siempre llevaba galletas en el bolsillo, en todos los bolsillos, todo el tiempo. Así le enseñé a hacer sus cosas en el parque. Un pis, una galleta. Una caca, una galleta. Tan lista es Lola que no había terminado de soltar la ultima gota cuando ya se estaba dando la vuelta para pedirme su premio.

Con galletas también le enseñé que ponerle la correa era algo placentero. No me veía persiguiendo a la perrilla para tratar de atarla, mientras que ella corría pensando que era un juego, como hacían otros cachorros. Cada ver que le ponía la correa le daba una galleta. Cuando sentarse se convirtió un gesto casi automático, le decía “sentada”, cuando lo hacía le enganchaba la correa y enseguida la premiaba. Siete años después es un gesto rutinario.

4. Gestos que te facilitan la vida. Por aquel tiempo, tenía un empleo intenso y estresante. Y los nervios suelen atacarme las lumbares, por lo que corría el riesgo de que un tirón me impidiese inclinarme para atar a Lola. Así que, con premios, le enseñe a subirse a los bancos para atarla. Nos acercábamos al banco, le decía “sube”, le premiaba, le ponía la correa, le premiaba de nuevo. Finalmente , le decía “vamos” y emprendíamos el camino a casa.

5. No abraces a las farolas. No entendía porque la mayoría de las personas que paseaban a su perro atado, se pasaban el tiempo abrazando farolas y árboles cada vez que su perro los rodeaba y no regresaba sobre sus pasos. Cuando Lola y yo nos acercábamos a una farola y ella decidía ir por el lado contrario al que yo iba, me detenía y le indicaba que volviese por el mismo sitio donde había ido. Si tu perro aprende esto, también lo hará cuando se meta debajo de una mesa o detrás de un banco, por ejemplo.

Sí, era más rápido abrazar la farola para recuperar la correa y seguir andando, pero esto significa que te vas a pasar la vida demostrando tu amor a todo elemento vertical que te encuentres por el camino, y eso si tus brazos consiguen rodearlo. Es mejor invertir tiempo en enseñar a tu peludo que quejarse durante años.

6. Asegúrate de que vuelve a ti. Creo que la queja más común que tenemos cuando criamos a un cachorro es que, cuando les soltamos, no vuelven. Yo también viví la experiencia de correr detrás de Lola mientras ella perseguía los calcetines de un “runner” decidido a no detenerse aunque yo me dejara la vida en la carrera. El asunto es que si no lo sueltas nunca, tampoco le estás permitiendo aprender a volver en cuanto le llamas. Después de muchas escapadas, comprendí que es importante observar las señales que da tu perro. Determina cuáles son las cosas que atrapan su atención: aves, pelotas, bicicletas, gente corriendo, otros perros… Anticípate. Cuando veas alguno de estos elementos peligrosos en tu camino, toma medidas de prevención. Yo, aún ahora, cuando veo a alguien que va con una bolsa (Lola cree que todas las bolsas contienen algo de comer) comienzo a advertirle “Lola, no”, “Lola, conmigo”, “Lola, ven”. La mayoría de las veces logro disuadirla de acercarse a su objetivo.

Ve con tu perro a una zona acotada, déjale suelto y juega con él a volver a ti. No te rindas, sé constante. Y, cada vez que lo haga, prémiale con una galleta y un mimo. Haz que sea un ejercicio divertido y placentero para él.

7. Ahora me ves, ahora no me ves. Cuando Lola ya había aprendido a obedecer a mi llamada, tenía momentos de despiste. Se alejaba mucho y se distraía, o me ignoraba. Sospeché que ella no estaba pendiente de mí en el parque porque confiaba con que yo siempre estaba al tanto de sus movimientos. Pero podría pasar que fuese yo quien se distrajese, y en ese momento es importante que sea tu perro quien esté atento a tu ubicación. Por esto, comencé a esconderme. En una esquina, detrás de un árbol, en cualquier lugar desde donde pudiese verla sin que ella me viese a mi. Con paciencia la espiaba, la veía oliendo algo totalmente ajena a todo lo demás. De repente, levantaba la mirada y se veía sola… Me buscaba pero no se movía de su sitio. Notaba su nerviosismo, esperaba unos segundos y la llamaba. Me buscaba con la vista, sin moverse demasiado y yo salía de mi escondite. Venía corriendo hacia mí y yo celebraba el reencuentro con halagos y premios. Hoy en día, no me preocupa que se aleje, porque sé que volverá enseguida, por su propia iniciativa o como respuesta a mi llamada.

Para terminar, controla tus nervios. Es difícil, lo sé. Piensas que no puedes con él, que nunca aprenderá, que será un rebelde sin causa toda su vida y que nunca dejarás de perseguirle por el parque. Te aseguro que, si eres constante y firme, llegará el día en que tus paseos con tu perro serán un verdadero placer. Cada vez que la líe, respira y piensa en él como en un niño al que debes educar con serenidad. Repite tus pautas, una y otra vez, verás los resultados. Intenta acompañar tus indicaciones verbales con firmeza y tranquilidad. Si le acostumbras a que te obedezca solo cuando gritas, tendrás que gritarle toda su vida.

Como con los hijos, nunca dejarás de educar a tu perro, pero cada día que pases en su compañía le amarás más y él nunca dejará de enseñarte cosas maravillosas que solo los animales pueden compartir con nosotros. Después de todo, tenemos el deber de enseñarles como vivir en nuestro ambiente, porque hemos sido nosotros los que los hemos arrancado de su entorno natural.

Cuéntanos tus experiencias con tu cachorro, seguro que a muchos principiantes les serán de utilidad. Nos encantará leer vuestras anécdotas más perrunas.

DIY: Haz lo que puedas con lo que tengas

Hace bastante tiempo unos amigos me dejaron una mesa sin mucho valor para que la aprovechara en mi terraza, para poner plantas, bebidas o lo que sea. El hecho es que, por su tamaño (1 mt x 1 mt), no quedaba totalmente protegida de la lluvia en el único rincón de la terraza que estaba a cubierto. Inevitablemente, con el paso de tiempo, la superficie comenzó a deteriorarse.

Otro problema era que, por su tamaño y peso, era difícil de mover, lo que dificultaba mantener limpio el espacio que había debajo. De hecho, creo que algún pajarito se metía allí, porque Lola estaba empeñada en olfatear debajo. Para solucionar esto, comencé por ponerle unas ruedas. Una de ellas con freno, para asegurarme el que no se moviera si su uso lo requería.

Quedaba pendiente revestir la suOLYMPUS DIGITAL CAMERAperficie con algún material que la protegiese del sol y la lluvia. Pasó un tiempo más mientras yo evaluaba cuál podría ser el más conveniente.

Para mi enorme agrado, Leroy Merlín abrió sus puertas en Logroño. Se pusieron de moda las baldosas hidráulicas y me enamoré de ellas. Y se me ocurrió que esa podría ser la solución para mi mesa de exterior. Compré una caja que contiene 12 baldosas de 0,33×0,33 m ¡Perfecto! Porque así no tendría necesidad de cortarlas para adaptarlas al tamaño de la mesa.

Lo primero que hice fue retirar las delgadas láminas que cubrían la superficie de la mesa con una espátula de metal. Un proceso bastante sencillo, tomando en cuenta que la lluvia ya la hOLYMPUS DIGITAL CAMERAabía levantado por un lado. Luego alisé la superficie frotándola con un taco de lija, retiré el polvillo y presenté las baldosas. Hasta allí todo iba sobre ruedas, pero nunca falta un imprevisto. Para fijarlas, compré un tubo de adhesivo de montaje, el que se utiliza con una pistola. El problema fue que compré la pistola más barata… Hay que tomar en cuenta que este pegamento es muy denso, por lo que se necesita una pistola fuerte. La pistola me abandonó a mitad de camino y casi terminé aplicando el pegamento con los dedos. Finalmente todas las baldosas estaban en su sitio y llegó el momento de aplicar la lechada. Compré una caja pequeña, preparé un poco de mezcla con la que cubrí las juntas de las baldosas con cuidado de que Lola no metiese la trufa en el recipiente.

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Inmediatamente, limpié con un paño húmedo la lechada que estaba separada de las juntas, no quise correr el riesgo de, que si esperaba mucho tiempo, no poder retirarla completamente. Pasado un rato, hice lo mismo con la que estaba alrededor de la unión entre las baldosas.

¡Vaya cambio! solo faltaba rematar los bordes. También en Leroy Merlin encontré unos perfiles de aluminio con tratamiento anticorrosivo, perfecto para exteriores. Y, afortunadamente, tenían la medida ideal, 1 mt., por lo que solo he tenido que cortar las esquinas para lograr un ajuste perfecto entre ellas.

Con una caja de ingletes y una sierra para metal que tenía para cortar las guías de unos estores, corté los extremos en ángulo de 90º. Luego lijé un poco los bordes con la lija y los fijé con el mismo adhesivo con el que pegué las baldosas. Finalmente, coloqué unos protectores de goma en las esquinas. Para ser sincera, no me he ocupado demasiado de las patas… Con una superficie tan atractiva ¿quien se va a fijar en ellas? Ahora tengo una mesa nueva, bonita, original y hecha a mano.

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No me canso de mirarla. Ahora no paro de pensar en qué hacer con las tres baldosas que me han sobrado…

Yo reciclo, Kucoo reutiliza. Y tú ¿reciclas y reutilizas?

Repasando los recuerdos de mi infancia, me doy cuenta de que lo de reutilizar me viene de siempre. Nunca olvidaré esa caja de corcho, con tapa deslizante, que guardaba una botella de licor que le regalaron a mi padre y que luego se convirtió en uno de mis más valiosos tesoros. Fue el armario de mis Barbies, también su baúl cuando, en mis juegos, emprendían largos viajes en barco. El canapé de su cama, cuando luego hice un colchoncillo para que durmiesen…

Hoy, sigo reutilizando y reciclando. Guardo esos pequeños trozos de tela e hilo que siempre sobran para rellenar cojines, los más grandes los almaceno por colores para labores de patchwork. Los botes de frutos secos para ensalada que compro en Mercadona los reutilizo para guardar materiales.

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Con un pequeño trozo de tela y otro de guata que han sobrado de cualquier labor puedes confeccionar sencillas piezas para mantener tus accesorios de costura en orden y a la mano

Los botellines plásticos de agua son los juguetes preferidos de Lola. Una vez vacíos, les quito la etiqueta de papel y se los doy. Los persigue, les ladra, los lleva de un lado a otro, los muerde… Así, cuando se van al contenedor, ya han tenido un segundo uso.

En nuestro taller he colocado una tradicional pizarra de tiza, para evitar utilizar tanto papel en recordatorios temporales. Reutilizamos las cajas de cartón para almacenar el papel que luego se irá al contenedor azul y ahora, que se acercan los tiempos de realizar las labores de nuestro huerto urbano, tengo reservadas unas enormes botellas de plástico para crear invernaderos para las semillas que guardamos de la siembra del año pasado.

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Los botes de frutos secos para ensalada de Mercadona son ideales para guardar cosas. Uno de los muchos que tenemos en el taller los uso para guardar trocitos de papel y no hacer mil viajes a la bolsa de papel para el contenedor azul

Todos estos pequeños gestos desarrollan mi imaginación y me unen más a la naturaleza a la que tanto admiro y respeto. Este planeta es nuestra casa, y es nuestro deber mantenerla limpia y en buen estado. Me preocupa esa tendencia de comprar productos de dudosa calidad, que se estropean enseguida y van a parar casi de inmediato a un contenedor, para luego terminar formando parte de esas lamentables montañas de basura que pretendemos que no existen por mirar hacia otro lado.

Me enorgullece pensar que nuestros collares Kucoo Hecho a Mano son a prueba de juegos caninos, porque pueden lavarse muchas veces, tanto como tus vaqueros preferidos, incluso en lavadora, y sus enganches son mucho más resistentes que los de plástico. Es nuestra manera de contribuir a no generar tanta basura. Nos encanta que las bolsas de plástico estén destinadas a desaparecer, y por ello confeccionamos bonitas y resistentes bolsas de tela, muy perrunas, para que el hacer la compra sea más sostenible con nuestro entorno mientras mostramos a todos en el supermercado que somos los mejores amigos de nuestros perros.

Muchos me comentan que no merece la pena mi labor de separar los desperdicios y depositarlos en el contenedor que les corresponde, porque dudan de que ese material sea reciclado realmente. Yo siempre respondo lo mismo “yo cumplo con separar, es lo que está en mis manos hacer por el planeta. No puedo controlar todo el proceso, pero, al menos, hago lo que me corresponde como ciudadana responsable”.

Unete a esta cruzada en favor de la naturaleza. Reutiliza y recicla todo lo que puedas. No tires algo sin antes pensar si lo puedes aprovechar para algo más. Seguro que se te ocurre una idea genial que te llenará de satisfacción. Cuéntanos que haces para que nuestro planeta sea un poco más feliz.

10 de las razones por las que las personas con perro pasamos fácilmente por locas

Hay una frase que suelo decir cuando sale a colación mi desbordado amor por Lola, suena más o menos así: “Todas las personas estamos más o menos locas. Si mi locura son por los perros, me siento orgullosa de haber perdido la razón”.

Me he encontrado por casualidad con este vídeo que se titula “10 razones por las que las personas con perro están locas”. He apuntado los enunciados y ahora, que leo nuevamente el título, me pregunto: ¿estas 10 cosas son las que nos han enloquecido? ¿o son estas 10 cosas las que llevan a que “los no perrunos” piensen que se nos ha ido la cabeza?

En fin, leedlas y sacad vuestras propias conclusiones.

  1. Tu suelo siempre está cubierto de juguetes mordisqueados. En casa no me encuentro muchos juguetes de Lola, pero botellines de plástico triturados hay por cada rincón. Me esfuerzo por quitarle uno antes de sacar uno nuevo, pero pierdo el control de los que andan en circulación. En fin, me consuelo pensando que los llevo al contenedor amarillo con un reciclaje de más.
  2. El menú de tus perros resulta mejor que el tuyo. No creo que Lola esté de acuerdo con esto, pero opino que ella come más sano que yo. Pocas grasas, harinas y nada de azúcar. En mi lista de la compra suelo incluir yogures naturales desnatados, exclusivos para ella, sus galletas para la merienda, palitos para sus dientes y, de cuando en cuando, le doy un huevo cocido, uno de sus manjares preferidos. Sin contar con que no hay día en que yo coma judías verdes, espinacas o brécol que no complemente su ración de pienso con uno de estos ingredientes de mi dieta.
  3. Conoces mejor a los perros de tus vecinos que a tus propios vecinos. Es así, admitámoslo. Los perros son muy educados. Si se cruzan en la calle, se saludan aunque no se conozcan. Terminas reconociéndolos, saludándolos y, si son muy especiales, casi ni te fijas en el humano que va del otro lado de la correa. Quien esté libre de pecado que tire la primera galleta.
  4. No bromeas cuando te refieres a tu perro como a “tu niño peludo”. Y es que son unos eternos niños, aunque sean abueletes, su mirada es siempre inocente y no dejan de pedir mimos como cuando eran pequeñines.
  5. Desconfías de las personas a las que no les gustan los perros. Si alguien pone cara de asco ante un tierno cachorrito ¿no es para desconfiar?
  6. Tu despertador pasa a ser un hocico mojado. En mi caso, no. Lola está sincronizada conmigo. Si duermo, ella duerme. Si me levanto, ella también. Y me gustaría que me despertase a lametones, en lugar del odioso despertador.
  7. Tu perro no se queda sin regalo de Navidad. ¡Si para ella la Navidad es todos los días! No porque le compre juguetes a granel, sino por que cualquier cosa es para ella motivo de inmensa alegría. En realidad, eso es la Navidad.
  8. Las babas pasan a ser parte de tu día a día. Lola no es de babas, pero de pelos sí. En los rincones, en mi ropa, en las cortinas…
  9. Tu perro se convierte en el mejor confidente y amigo. Ah ¿es que hay otros confidentes además de los perros?
  10. A pesar de todo esto, sabes que tener un perro es una de las mejores cosas que tienes en la vida. ¿O no?