10 de las razones por las que las personas con perro pasamos fácilmente por locas

Hay una frase que suelo decir cuando sale a colación mi desbordado amor por Lola, suena más o menos así: “Todas las personas estamos más o menos locas. Si mi locura son por los perros, me siento orgullosa de haber perdido la razón”.

Me he encontrado por casualidad con este vídeo que se titula “10 razones por las que las personas con perro están locas”. He apuntado los enunciados y ahora, que leo nuevamente el título, me pregunto: ¿estas 10 cosas son las que nos han enloquecido? ¿o son estas 10 cosas las que llevan a que “los no perrunos” piensen que se nos ha ido la cabeza?

En fin, leedlas y sacad vuestras propias conclusiones.

  1. Tu suelo siempre está cubierto de juguetes mordisqueados. En casa no me encuentro muchos juguetes de Lola, pero botellines de plástico triturados hay por cada rincón. Me esfuerzo por quitarle uno antes de sacar uno nuevo, pero pierdo el control de los que andan en circulación. En fin, me consuelo pensando que los llevo al contenedor amarillo con un reciclaje de más.
  2. El menú de tus perros resulta mejor que el tuyo. No creo que Lola esté de acuerdo con esto, pero opino que ella come más sano que yo. Pocas grasas, harinas y nada de azúcar. En mi lista de la compra suelo incluir yogures naturales desnatados, exclusivos para ella, sus galletas para la merienda, palitos para sus dientes y, de cuando en cuando, le doy un huevo cocido, uno de sus manjares preferidos. Sin contar con que no hay día en que yo coma judías verdes, espinacas o brécol que no complemente su ración de pienso con uno de estos ingredientes de mi dieta.
  3. Conoces mejor a los perros de tus vecinos que a tus propios vecinos. Es así, admitámoslo. Los perros son muy educados. Si se cruzan en la calle, se saludan aunque no se conozcan. Terminas reconociéndolos, saludándolos y, si son muy especiales, casi ni te fijas en el humano que va del otro lado de la correa. Quien esté libre de pecado que tire la primera galleta.
  4. No bromeas cuando te refieres a tu perro como a “tu niño peludo”. Y es que son unos eternos niños, aunque sean abueletes, su mirada es siempre inocente y no dejan de pedir mimos como cuando eran pequeñines.
  5. Desconfías de las personas a las que no les gustan los perros. Si alguien pone cara de asco ante un tierno cachorrito ¿no es para desconfiar?
  6. Tu despertador pasa a ser un hocico mojado. En mi caso, no. Lola está sincronizada conmigo. Si duermo, ella duerme. Si me levanto, ella también. Y me gustaría que me despertase a lametones, en lugar del odioso despertador.
  7. Tu perro no se queda sin regalo de Navidad. ¡Si para ella la Navidad es todos los días! No porque le compre juguetes a granel, sino por que cualquier cosa es para ella motivo de inmensa alegría. En realidad, eso es la Navidad.
  8. Las babas pasan a ser parte de tu día a día. Lola no es de babas, pero de pelos sí. En los rincones, en mi ropa, en las cortinas…
  9. Tu perro se convierte en el mejor confidente y amigo. Ah ¿es que hay otros confidentes además de los perros?
  10. A pesar de todo esto, sabes que tener un perro es una de las mejores cosas que tienes en la vida. ¿O no?

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