Y vosotros, perros del mundo ¿qué pedís en esta Navidad?

Muchas veces me lo pregunto ¿qué es lo que más le gusta a Lola? Le gustan muchas cosas: comer, correr, los días de viento, saludar a humanos propios y extraños, dormir, jugar con botellines de plástico, pasear en coche, las visitas humanas, los mimos, estar en casa, el parque, su cama grande, beber agua del bidé… Pero ¿lo que más le gusta?

Reduciendo la lista, sacando las cosas sin las que podría pasar el día, creo que lo que más le gusta es comer, dormir, los mimos y estar conmigo. Si he de elegir sólo una, estaría entre comer y estar conmigo. Tomando en cuenta que si antes de salir de casa le dejo una de las galletas que más le gustan y al regresar me encuentro con que no se la ha comido, y lo hace sólo segundos después de mi llegada, creo que puedo concluir que lo que más anhela Lola en el mundo es mi compañía.

Y es que estos animalitos que nos entregan su amor y lealtad incondicionales lo que más necesitan es compañía y cariño. Sí, es importante darles una buena alimentación, cuidados veterinarios y comodidades, pero para ellos, somos nosotros lo que más quieren en el mundo. Es por ello que, en estas fechas, os invito a penséis en ello, en la nobleza de sus sentimientos hacia nosotros y en que si es importante estar con nuestros seres queridos en estas fechas familiares, también lo es no dejar a nuestros perrillos solos en casa, porque para ellos sus humanos somos su familia… Si pudiesen pedir un regalo de Navidad a Papá Noel, seguro que pedirían “¡Mimos hasta aburrir!”

Felices fiestas, muchos mimos perrunos y paz para todos los seres vivientes de este enorme planeta.

Cuando la actitud multiplica, un error es sólo una circunstancia a resolver

Las ideas son importantes, llevarlas a cabo también. Pero contar con un espacio de trabajo cómodo, ordenado y que inspire a pasar a allí horas y horas pensando, dando forma a las ideas, es fundamental, al menos para mí. Y mi estudio, bueno, no reúne esas condiciones. Tres mesas separadas entre sí, cada una de una raza, cajas, cajitas, producto de una improvisación tras otra, componen un conjunto que cada día me agobiaba más hasta que ya me comenzó a resultar desagradable hacer algo allí. Cuando este momento llega, hay que tomar decisiones y planificar las acciones para hacerlas realidad. Todo con la intención de lograr el mejor resultado con la mínima inversión posible.

Necesito una amplia superficie en forma de “L”. He mirado tablones y patas, he hecho un plano con las medidas, he apuntado precios. Hace tiempo que tengo en mente el conjunto de escritorios que reúne las características que necesito y, aprovechando una oportunidad, me he venido a Ikea a comprarlo. Ya sabéis como es esto, mil vueltas, lo quiero todo, intento no caer en tentaciones, las ideas que parecían claras ya no lo están tanto, sumo, resto, multiplico, divido, la tarjeta tiembla, en fin, con alguna ligera variación me llevo, llena de euforia, lo que necesito.

Habíamos decidido pasar la noche en un hotel en Bilbao, Lola incluida. Sí, sí, sí… Admiten mascotas, en el Petit Palace Arana Bilbao, céntrico, bonito, canino y con gente muy agradable. En la habitación nos encontramos con una camita preparada para Lola, un cuenco y una bolsita de pienso ¡que gustito más perruno! Y el desayuno es, mmmm, buenísimo y con un variado menú que no había visto en otros hoteles, servido en un pequeño, pero precioso y acogedor comedor.

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Desayuno buffet del Hotel Petit Palace Arana Bilbao

Pero, Lola es un espíritu curioso, inquieto. Se pasea, busca su sitio, quiere beber agua sin parar buscando calmar con litros y litros su entusiasmo, va de un lado a otro de nuestra cama y mi compañero es de sueño ligero. Con nuestras maletas preparo un muro para que sus paseos nocturnos se limiten a mi lado de la cama… ¡Alma de cántaro! Que Lola no es tonta. En menos de un minuto se rió de mi barricada colándose por debajo de la cama.

Finalmente, él duerme, ella duerme y yo miro fijamente la oscuridad de la habitación. No puedo dormir y no sé por qué. Estoy cansada, tengo sueño, pero no puedo dormir. Comienzo mi ritual mental para estos casos. Hago un recorrido mental por el abecedario buscando palabras relacionadas con color, coches, naturaleza o con cualquier tema, para engañar a esa idea que no me deja dormir y, poder así, conciliar el sueño.

Finalmente, lo consigo. Me quedó profundamente dormida un rato. Me despierto luego, Lola me acompaña al baño, vuelvo a la cama y, justo en ese momento, esa idea peregrina que me mantenía despierta antes se materializa en mi mente, dejándome completamente espabilada y con los ojos abiertos como platos ¡he cometido un error!

Vuelvo atrás en el tiempo, a ese momento en el que decido que las mesas de Ikea son la mejor opción, a esa sensación de euforia que me invade ante la posibilidad de que mi lugar de trabajo sea el sitio de mis sueños, a ese instante en el que mis emociones nublan a mi cerebro lo suficiente como para no dejarme ver que el tablón de Leroy Merlín tiene 20 cm. más de profundidad… 20 centímetros más para cortar telas, fotografiar, planchar, pintar… Como de costumbre, mi mente se aclara de madrugada, cuando no hay nada que se pueda hacer.

Pero, los errores siempre vienen de la mano con dos cosas: el aprendizaje y la solución. Eso, si estamos en la disposición de darles espacio. El aprendizaje: cuando creo que ya tengo la solución a algo, conviene darle una vuelta más. La solución está en que seguimos en Bilbao y mañana puedo volver a Ikea y resolver la errata.

Sigo con los ojos como platos, si, si, como los del emoticono de Whatsapp. Lola duerme, él duerme y yo estoy allí, en medio de la oscuridad, sin poder consultar mis notas. Esta es una de esas pocas ocasiones en las que deseo que se haga de día ya. Me la juego. Me levanto de puntillas, aprovecho la poca luz que se cuela por las ventanas, saco de mi bolso la libreta y, en el baño, confirmo que sí, que el tablero de Leroy Merlín tiene 20 cm. más de ancho, pero que las patas de Ikea ¡son más baratas! además de más bonitas.

¡Excelente! Mi error ahora es una victoria. Sólo tengo que esperar a que salga el sol, contarle a este maravilloso hombre que me he equivocado e, inmediatamente, decirle que tengo la solución: devolvemos los tablones de Ikea antes de irnos a casa, me quedo con sus magníficas patas, luego voy a Leroy Merlín a por dos tablones en lugar de los tres de Ikea (una ventaja más) y, como si todo lo anterior fuese poco, me ahorro algo de dinero ¿no es genial?

Sigo con los ojos como platos… Son las 5:37 de la madrugada y estoy en el cuarto de baño, sentada sobre un cojín, en el suelo de este estupendo hotel amable con los perros, escribiendo este post. Y me siento agradecida de haber encontrado el lado positivo de este error. ¿Será que si vuelvo a la cama logro dormir?

Vuelvo a la cama y recuerdo el vídeo de Victor Küppers que me envío una compañera del trabajo justo esa mañana, en el que comprendí por qué el conocimiento y la habilidad suman, pero la actitud multiplica.

No es más limpio el perro que no ensucia, sino el que no está en medio cuando limpias

¿Es tu perro de esos que se asustan con el ruido del aspirador? ¿O de los que ven en la fregona y la escoba a dos armas peligrosas? Si, ante la presencia de estos tres limpios enemigos, tu perro opta por quedarse muy quieto en su cama es posible que, sin saberlo, seas una persona con mucha suerte, porque si ya dedicar un día a la limpieza no suele resultar muy divertido, hacerlo bajo la estricta vigilancia de tu perro, te aseguro, no hace la tarea más fácil.

Me gusta ver mi casa limpia y ordenada, pero invertir un día libre en conseguirlo es algo que no me resulta inspirador. Prefiero dedicar ese tiempo a otras cosas más satisfactorias o, sencillamente, a descansar, pero no somos muchos los que podemos librarnos de las labores domésticas.

Casi desde el principio acudo a uno de mis mejores aliados, el aspirador. Cuando Lola ve que abro el armario donde lo guardo, parece decir “¡Comienza la fiesta!“. Observa atentamente cómo lo saco y me acompaña, moviendo el rabo, hasta donde acostumbro a comenzar la labor, mi habitación. Una vez allí se convierte en una supervisora de primera línea. Se coloca siempre en el camino del aspirador o se sienta encima del cable, y sólo cuando el fuerte tirón parece indicarle que está “estorbando un poco” es cuando se mueve, muy perezosamente eso sí.

Barrer la terraza siempre resulta complicado cuando la perrita está de por medio. Porque es literal, se pone justo en medio. Con tanto espacio, ella decide que el punto más agradable para observarme es exactamente donde voy acumulando el polvo, primero lo huele muy bien, ensuciándose bastante la nariz y luego se sienta encima. Sólo se escucha el sonido del cepillo frotando el suelo y una frase que se repite una y otra vez “¡Quita, Lola, por favor!“.

Luego viene el momento de sacar las plantas de interior para limpiar el salón más fácilmente y, de paso, regarlas con comodidad. Voy llevando los maceteros uno a uno a la terraza mientras ella me acompaña, pero no a mi lado, ni detrás de mí, no… Delante, guiándome por un camino que me sé de memoria, pero despacio, muy despacio, como quien cuenta con todo el tiempo del mundo para aspirar, quitar el polvo, recoger, limpiar, fregar y, finalmente, recobrar el aliento.

Una vez que las he sacado todas, abro el grifo de la manguera para regarlas generosamente y Lola, como una planta más, se pone en medio de ellas, camina sobre el suelo mojado para luego entrar a casa con las patitas bien empapadas… ¡Es un encanto!

Pasar la fregona se parece un poco a lo del aspirador, con el ingrediente adicional de la satisfacción que siente Lola al pisar el suelo mojado, supongo que dirá “¡Ah, que gustito se siente caminar sobre esta superficie húmeda!

Creo que cuando limpio el baño es el único momento que no supervisa detenidamente, supongo que no se fía demasiado de ese cajón acristalado donde suelo meterme cual coche en autolavado… Aunque cada día se queda un ratito más.

Seguramente os preguntaréis si no sería más fácil encerrarla en una habitación mientras limpio… Sí, probablemente sería más fácil, pero no más divertido, porque aunque me queje y me ría por no llorar al verla siempre en mi camino, es más lo que me río a la vez que voy preguntándome “¿Qué será lo que le resulta a Lola tan divertido de verme limpiar? No lo entiendo

Al final del día, una buena ducha me devuelve la dignidad, pero no alivia el dolor que comienzo a sentir en todo el cuerpo. Lola termina agotada, no por el esfuerzo, sino porque se ha pasado el día de aquí para allá, detrás -o delante- de mis pasos, sin echar la siesta ni un minuto. Nos metemos a la cama, ella se queda profundamente dormida, yo la observo mientras en mi cabeza sigue sonando una frase “¿Qué será lo que le resulta a Lola tan divertido de verme limpiar? No lo entiendo

De cachorros imaginarios, perejil y otras dudas

Cuando veo a lo lejos una mancha blanca que destaca contra el intenso verde de la hierba del parque me inunda la ternura. Seguro que es Isis, una Golden Retriever que, además de preciosa, es toda dulzura. Aunque sus dueños la quieren y la miman, ella va saludando a todo el que ve en busca de caricias. Se les acerca con la cabecita baja y continúa con el resto de su cuerpo hasta que se tumba y es imposible resistirse a mimar a esa cosita tan adorable.

Isis

Con los perros es lo mismo, va hacia ellos sin importar su tamaño, se tumba a su lado hasta que se enamoran de sus negrísimos ojos y ella les corresponde con lametones y juegos que no tienen fin.

Esta semana ha cumplido un año y su dueño se queja de que no come bien, y que en los últimos días va a peor. El veterinario les indica que tiene un embarazo psicológico. Su único síntoma son las glándulas mamarias abultadas  que expulsan leche con la presión.

El veterinario aconseja dos cosas: administrarle un jarabe o darle un remedio natural del que muchos de nosotros, seguramente, ya hemos escuchado, tortilla de perejil.

Su humana hace una llamada a los propietarios de los padres de Isis, y éstos le comentan que el perejil es tóxico para los perros, contradiciendo la recomendación del veterinario. Yo me quedé a cuadros… He leído muchos artículos que informan acerca de los alimentos prohibidos para los perros y no me sonaba que incluyesen al perejil. Incluso, recordé unos huesos para el cuidado dental que alguna vez le compré a Lola y que destacaban contener perejil como un ingrediente efectivo para combatir el mal aliento canino. Ante la duda, lo mejor es investigar.

Muchos especialistas coinciden en que los alimentos tóxicos para los perros, por excelencia, son: la cebolla y el ajo, el chocolate y los azúcares en general, la lactosa, las nueces, especialmente la macadamia, las uvas y las uvas pasas, el aguacate, los huesos de algunas frutas, el alcohol y el xilitol, edulcorante comúnmente usado en cremas dentales, enjuagues bucales, chicles sin azúcar, medicamentos para la tos, algunos productos de panadería y dulces.

Sin embargo, el perejil parece tener más bondades que consecuencias negativas para los perros. Vamos desde el principio. Esta planta aromática tan conocida se utiliza como condimento en muchas cocinas. Comparte propiedades positivas para perros y humanos, como:

• Un alto contenido de vitaminas A, C, B1, B2, B9, D y K, potasio y antioxidantes naturales que intervienen en el retraso del envejecimiento celular.

• Un elevado aporte de fibra y poco contenido graso.

Propiedades antiinflamatorias y diuréticas: contribuye a eliminar el exceso de líquidos y sodio, tanto en personas como en perros.

Beneficia al sistema cardio-vascular y circulatorio, gracias a su contenido de ácido fólico, además de reducir la presión sanguínea de las arterias.

• Contiene pequeñas dosis de miristicina, compuesto que contribuye en la lucha contra el cáncer de colón, próstata y pulmones.

Específicamente para los perros, el perejil mejora su circulación, huesos, sistema nervioso central y su vista. Después de esta larga lista de bondades ¿de donde viene la opinión de que el perejil es tóxico para los perros? Puede que sea de aquello de que “todo en exceso es malo”.

– Ahora mismo Lola se dedica a una minuciosa limpieza de su zona posterior, ya hablaremos de eso en otro post –

El consumo continuado de perejil, es decir, todos los días o varias veces por día, puede traer como consecuencia la aparición de piedras en el riñón, debido a su alto contenido de ácido oxálico.

Por otro lado, y en sintonía con la recomendación del veterinario de Isis, el perejil fomenta la estimulación uterina, lo que puede provocar abortos, por lo que no se recomienda que se administre a perras embarazadas.

Si por algunas de las características descritas antes, consideras que a tu perro le convendría consumir una dosis moderada de perejil, lo primero que debes hacer es consultar a tu veterinario de confianza. Cada perro tiene un historial diferente y si, por ejemplo, tu perro sufre alguna enfermedad renal, NO es conveniente que coma perejil, porque puede favorecer la aparición de piedras en el riñón.

Si tu veterinario te da luz verde para que se lo ofrezcas a tu pequeño, ya sea por que tiene un aliento capaz de matar, o porque padece de hipertensión o retención de líquidos, lo que se recomienda es que coma pequeñas cantidades de hojitas crudas junto con su comida. Como la mayoría de los frutos y vegetales, mantiene más propiedades si no está cocido.

Como en muchos aspectos de la vida, no te quedes con una sola opinión. Contrasta cualquier sugerencia con profesionales o personas con experiencia. Cada perro es único, con su propia personalidad fortalezas y debilidades físicas. Y recuerda, todo en exceso es perjudicial.

¿Tu perro es un excavador? Rascar y comer, todo es empezar

Puesta a buscar empleo, Lola podría ser ayudante de jardinería. Se le da bien excavar, en la hierba cuando se aburre. En la arena de la playa. En dos rincones del suelo del baño. En su cama… y en la mía. Cualquier ocasión es buena para demostrar sus habilidades con las patas delanteras. Cada humano tiene sus teorías acerca de por qué su perro ‘rasca’, pero ¿que opinan los más entendidos en hábitos perrunos?

Según mis investigaciones, los perros rascan para dejar su olor, para buscar una temperatura agradable sobre la que tumbarse, para limarse las uñas y como consecuencia de sus genes de lobo. El asunto es que Lola, al menos, no solo rasca su cama y, probablemente, el tuyo tampoco, así que detengámonos un poco en cada teoría.

Marcar su territorio Sí, es probable. Puede que sea por eso que los machos rascan con las patas traseras después de hacer pis, y algunas hembras también. Tal vez así amplíen el radio de olor que ha dejado su orina.

Partiendo de esta suposición, supongo que Lola se haya apoderado de dos esquinas de “mi” cuarto de baño. Es divertido ver como encaja el morro en el vértice y luego se dedica afanosamente a rascar debajo de su barbilla, con tal determinación que cualquiera pensaría que de ello depende su vida. La fuerza de sus patas contra los azulejos dispara sus largas orejas en todas las direcciones y por la curva que se dibuja desde su rabo hasta el inicio de su espalda se podrían deslizar varios ratoncitos intrépidos.

Este ritual dura varios segundos, luego resopla contra la esquina, se da la vuelta y atraviesa la puerta con altivez, como diciendo “misión cumplida”.

En búsqueda de la temperatura pérdida Me parece normal que en invierno excaven en su cama para calentarla un poco. Todos sabemos lo ‘impactante’ que puede resultar tumbarse sobre la ropa de cama helada. También me he fijado que en verano, Lola rasca entre la hierba y se come las raíces, puede ser porque están más tiernas o más frescas.

Haciéndose la “paticura” Creo que rascar sobre una superficie dura y rugosa es el método canino ideal para limarse las uñas. Para Lola lo de las uñas es una asignatura que no supera, no suele rascar en una superficie adecuada, porque los azulejos del baño no valen para esto. Prefiere mordérselas, y me consta que le quedan bastante mal cuando desliza sus garras sobre mi piel ¡auch!

Lo que se hereda no se hurta Al parecer, los lobos excavan por las mismas razones que se atribuyen a nuestros inocentes perros. En su caso, se justifica lo de marcar su territorio con su olor, por proteger a sus crías y esas cosas… Pero, ¿nuestros perros? Si ya sabemos que nuestra casa es suya, y nuestro sofá, nuestra cama, nuestra vida…

A las anteriores, yo añadiría tres hipótesis más:

Por aburrimiento Después de casi siete años con Lola, me he dado cuenta de que le aburre que nos quedemos paradas en el parque. Lo suyo es andar, eso sí, conmigo en movimiento. Si me detengo a hablar con alguien, cosa muy de humanos, ella no se dispara a correr por su cuenta, sino que se queda a mi lado y, claro, se aburre… Comienza a excavar, yo a reñirle, hasta que llega el momento en que me canso de detenerla, me despido y echamos a caminar ¡objetivo perruno conseguido! Lola – 1, humana – 0.

Por ansiedad Rascar las esquinas del baño suele coincidir con los momentos previos a los paseos. Cuando Lola ve que comienzo a prepararme para salir con ella, se vuelve loca de alegría, ladra como diciéndome “¡vamos, vamos, date prisa!”; corre a traer algo para que le lance y ella perseguir o rasca los azulejos del baño. Si, bueno, digamos que puede ser un buen método para liberar el estrés…

Por tocar las narices Acostumbro a poner sobre el edredón de mi cama una mantita con la intención de que sea allí donde Lola se tumbe. Es parte de mi ritual diario al hacer la cama. No creo que ninguna de las teorías anteriores justifique que Lola decida arremeter con sus patas contra la manta justo en el momento es que me estoy duchando, cuando lo único que puedo hacer para detenerla es decirle en voz alta “¡Lola, Lola, para!” desde la ducha y con el agua corriendo… ¡Lo hace para tocarme las narices! Una ducha relajante menos. Lola – 2, humana – 0.

Si es que para nuestros peludines, rascar es como comer, todo es ponerse a ello. Yo paso de evitar que rasque en el suelo de mi baño, los azulejos resisten bastante y, no se sabe, puede que algún día consiga un tesoro, es decir, un hueso, porque oro seguro que no será.

Ten sueños lo bastante grandes para no perderlos de vista mientras los persigues

En los tiempos que corren, la palabra emprendedor se ha puesto de moda. Frases como ‘tus ideas valen mucho’, ‘saca adelante tu proyecto’ o ‘crea tu propia empresa a partir de tu sueño’ se repiten a diario con palabras diferentes y en boca de muy variados personajes. Y aunque la realidad es bastante diferente a lo que se pinta en conferencias y discursos, lo que sí es cierto es que es muy gratificante trabajar por un proyecto propio, aunque requiere esfuerzo y una muy buena dosis de fe y perseverancia.

Kucoo Hecho a Mano comenzó con un collar para Lola y, aunque no hemos llegado ni a la décima parte del camino que queremos recorrer, hemos andado bastante. Muchas ideas se van quedando en el tintero, porque son de difícil realización, por que ‘parecen’ descabelladas o por que no son lo suficientemente fuertes como para creer en ellas.

Lo cierto es que, como muchos ya sabéis, comenzar es duro, pero ser constante lo es mucho más. Mientras ese sueño o proyecto no alcance el éxito, o lo que una empresa entiende como “la productividad”, es necesario ganarse el pan trabajando en otra cosa, lo que lleva al emprendedor-soñador a realizar dos actividades de manera paralela: una te alimenta el cuerpo y la otra, como me sucede a mí, te alimenta el alma y la ilusión.

Durante las horas laborables me entrego por completo a mi trabajo, porque me gusta y es mi compromiso. El resto del tiempo mi cerebro vuela diseñando nuevos productos, pensando en materiales que no sé si existen, combinando colores y tejiendo un futuro para mi joven marca. Y luego vienen las horas dedicada a las pruebas, los prototipos, las costuras y mi huerto urbano, Lola, mi casa y esas otras tareas que todos conocemos muy bien.

Como diseñadora, tener una marca propia era un gran reto. Sabía que podía ser una experiencia gratificante o tremendamente complicada porque, al no tener a un cliente marcando las pautas, el exceso de libertad podía convertirse en mi perdición. Ahora, que los primeros pasos ya se han dado, puedo decir con satisfacción que lo estoy disfrutando plenamente, y es justo el disfrute, el ingrediente fundamental que siempre trato de añadir a todos mis trabajos. Estoy convencida, y mi propia experiencia lo avala, de que cuando te diviertes haciendo algo el resultado lo refleja. Y no todos los trabajos son divertidos, pero cuando alguien como yo, que necesita disfrutar para aumentar su productividad, se topa con una labor tediosa, es seguro que buscará la manera de sacarle el lado divertido a la labor.

Sólo la ilusión y la fe que le tengo a mi pequeño proyecto me da la fuerza para dividir mi tiempo en tantos trocitos. Sé que no sólo me pasa a mi, sino a cientos o miles de personas a las que, como a mi, la crisis les ha llevado, por suerte, a investigar otras posibilidades porque, como siempre digo, es imprescindible tener un plan B aunque, sin prisa pero sin pausa, trabajo para que Kucoo Hecho a Mano sea más que mi gran plan A: quiero que sea mi modo de vida, que alimente mis sueños de cada día y seguir diciendo, con mucho orgullo, que es más la marca de Lola que la mía, porque ese corazón con patas en la gran musa de este proyecto.

Dicen que soñar no cuesta nada y así es. Sueña, sueña, sin descanso, sin límites, porque las mentes que sueñan se abren a grandes ideas y nunca se sabe cuando una de esas ideas se puede convertir en tu gran proyecto de vida.

Más vale vacunar que curar: Vacunas obligatorias y cuidados veterinarios mínimos que debes darle a tu perro

Muchas personas tenemos la percepción de que nuestros perros son como niños eternos. En parte se debe a la imagen de indefensión que para los humanos representa el que nuestras mascotas no puedan hablar. Pensar que nuestro perro puede estar sintiendo alguna molestia física y que no puede decirnos qué es, preocupa a muchos y debe hacernos reflexionar acerca de la importancia de la atención veterinaria preventiva y del cumplimiento del calendario de vacunaciones.

En España, la ley obliga a vacunar a los perros contra el moquillo, la Parvovirosis, la Hepatitis Canina y la rabia. Mientras más pronto se vacune al cachorro mucho mejor, porque se reduce la posibilidad de un contagio temprano de alguna de estas enfermedades y la eficacia de éstas vacunas es mayor cuanto más joven es el animal. Es importante considerar que los primeros cuatro meses de su vida son los más vulnerables a contraer cualquier tipo de enfermedad infecciosa.

Hay otras enfermedades contagiosas cuya vacuna, aunque no es obligatoria, es importante aplicar. Es por ello que los veterinarios suelen hablarnos de las vacunas divalentes, tetravalentes y polivalentes o heptavalentes. Como puede que ya sepas, la vacunación consiste en la introducción en el organismo, mediante medios artificiales, de una sustancia que contiene una fracción del virus o bacteria que se pretende evitar, para que el mismo organismo cree los anticuerpos correspondientes.

Muchos de nosotros nos fiamos del buen hacer de nuestro veterinario de confianza y luego olvidamos los nombres de las enfermedades que hemos evitado con las vacunas que les han suministrado, así que, a modo informativo, vamos a hacer un repaso de lo que hemos librado de padecer a nuestros perritos gracias a una correcta vacunación.

La divalente ofrece protección contra el moquillo y la Parvovirosis. La tetravalente contiene las fracciones del moquillo, la Hepatitis Infecciosa Canina, la Leptospirosis y la Parvovirosis. La polivalente es la más completa porque engloba todo lo anterior, más las vacunas contra la tos de las perreras, Leptospira icterohemorrágica y el Adenovirus tipo II.

De éstas enfermedades, las únicas que pueden ser transmitidas a los humanos son la Leptospirosis y la rabia. La Leptospirosis ocasiona lesiones renales y hepáticas y se transmite al beber agua contaminada con el virus o por el contacto con la orina de un perro infectado.

La rabia está prácticamente erradicada desde 1966, aún así su vacuna es obligatoria en casi todo el territorio español.

Un paramixovirus (morbilivirus) es el responsable de que el moquillo produzca en los perros que la padecen lesiones en el sistema nervioso que pueden ser dejar secuelas permanentes o causar la muerte.

La Hepatitis Infecciosa Canina o Vírica provoca un edema de córnea u “ojo azul”, además de fiebre, decaimiento, vómitos y diarrea, en algunos casos hemorrágica, y afecta principalmente al hígado.

La Parvovirosis es una enfermedad intestinal producida por un parvovirus. Causa vómitos y diarrea hemorrágica, por lo que acarrea una fuerte bajada en las defensas del animal. Aunque se calcula que se llega curar al 85% de los animales que la contraen, lo más recomendable es la prevención.

La tos de las perreras es producida, principalmente, por el virus de la parainfluenza. Es una enfermedad leve, pero según la raza del perro que la contraiga (peor lo llevan las razas braquicéfalas como los Bóxer, Bulldog, Mastiff, Pequinés, etc.) puede complicarse y alcanzar mayor gravedad. Se caracteriza por una tos muy fuerte, que da la sensación de que el animalillo tiene algo atascado en la garganta que intenta expulsar y no puede. Sus esfuerzos al toser pueden producir náuseas y vómitos.

Si la madre está correctamente vacunada, y ella, y sus cachorros están bien alimentados, podrán responder mucho mejor a la infección de alguna de estas enfermedades. Sin embargo, lo más recomendable es que una visita al veterinario sea la primera cosa que hagamos al recibir a un perro de cualquier edad en nuestra familia.

Tu veterinario te indicará el calendario de vacunaciones, porque no se administran todas en la primera consulta. Este calendario será, más o menos, así:

6 Semanas DIVALENTE

8 Semanas TETRAVALENTE

10 Semanas HEPTAVALENTE

5-6 Meses RABIA

Para evitar el contagio temprano de alguna de las enfermedades señaladas, es conveniente no exponer al perro al contacto con otros antes de que le sean administradas todas las vacunas, a menos que tengamos la certeza de que sus nuevos amigos están correctamente vacunados. Tampoco conviene que paseen por zonas frecuentadas por perros desconocidos.

La veterinaria de Lola me lo advirtió en su momento, pero mi pequeña era un huracán lleno de energía que arrasaba con todo lo que encontraba a su paso en casa. Me resultó imposible mantenerla sin salir durante, lo que para mí era, un período tan largo de tiempo, así que opté por sacarla de paseo sólo por las aceras, que suelen recibir limpieza, evitando los parques y el contacto con otros perros.

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Lola con poquitos meses de vida y lo que quedaba de su primera cama

Por otro lado, es muy importante tener en cuenta que es obligatorio vacunar contra la rabia a los perros todos los años así que, al mismo tiempo, las veterinarias de Lola le aplican una heptavalente.

Además de las vacunas, si tu perro no sufre algún problema de salud ocasional, debes llevarlo una vez al año, por lo menos, a una revisión veterinaria de rutina. Cada 3 meses debes darle una pastilla de desparasitación interna y no olvidar las pipetas y/o collares que evitarán las indeseadas visitas de pulgas, garrapatas y, sobre todo, del mosquito causante de la temida Leishmaniosis, enfermedad provocada por un parásito (Leishmania), que invade diferentes órganos del perro y provoca lesiones de diversa consideración, pudiendo causar la muerte de la mascota.

Funda para cartilla Kucoo Hecho a Mano http://es.dawanda.com/shop/kucoo
Funda para cartilla Kucoo Hecho a Mano http://es.dawanda.com/shop/kucoo

Recuerda conservar siempre a la mano y en buen estado la cartilla sanitaria de tu mascota, ya sea perro o gato. En ella están apuntados sus datos más importantes y tu veterinario colocará una pegatina con la fecha de cada una de las vacunas que reciba tu peludo.

Palets: La suerte es 1% de inspiración y 99% de transpiración

19,34 h. Apago el ordenador y salgo a toda prisa de la oficina en dirección a la mercería. Quiero dedicar el fin de semana a terminar varios de los nuevos productos de Kucoo y debo asegurarme de tener todos los materiales para no salir de casa para nada. Camino a toda prisa. Mi mercería preferida, El 9, siempre está muy concurrida y cierra a las 20,00 h.

Voy por Vara de Rey y, en la esquina con Calvo Sotelo, veo a dos chicos que colocan unos palets pequeños junto al contenedor… Se me acelera el corazón… PaletsPequeños… Me los podría llevar… La mercería, que cierra…Si los cojo y les pido a las chicas de la mercería que me los guarden hasta que venga con el coche a por ellos… La mercería es muy pequeña… Si los cojo y los dejo en la oficina y luego vengo a por ellos en el coche luego… La mercería… Cierra… Me fijo en la ropa de los chicos, parece que trabajan en ese restaurante tan de moda que han abierto frente al Espolón y que no conozco… Los palets son pijos… Los quiero….

Respiro, respiro, suspiro… Prioridades… Primero a la mercería, si a la vuelta siguen allí, me llevo uno. Encuentro lo que busco, ideal… Tic, tac, mi reloj mental corre de prisa. Pido, pago, me despido de las chicas y me encamino hacia Vara de Rey, hacia la esquina, hacia los palets, convencida de que alguien más rápido que yo ya se los ha llevado…

Mi corazón se acelera nuevamente, allí están, me acerco, tienen un buen tamaño y están en buen estado, me cargo con tres… Comienzo a caminar con ellos y la adrenalina a mil, no pesan demasiado, pero es incómodo llevarlos, la gente se atraviesa, me duelen las manos, se me desliza el bolso, hago varias paradas, pero no me rindo… A pesar del frío siento calor. Comienzo a sudar.

Mientras tanto, voy pensando en la enorme suerte que he tenido de pasar por allí justo en ese momento, podría haberme ido por la peatonal ¡pero no! Elegí Vara de Rey… Llego a la oficina y los llevo a mi despacho y los apoyo con cuidado… Son ¡mi tesorooooo!

Palets

Ya sé que voy a hacer con ellos… ¡Tres mesas para mi huerto urbano! Con patas, ruedas y toda la pesca. Lo tengo todo en la cabeza.

Plantaré más remolachas, puerros, cebollas, judías -a Lola le encantan-… ¿más fresas? ¿Brocoli? ¿Zanahorias?

Ya os contaré.

A perro goloso ¡todo son salchichas! 10 alimentos, además del pienso, que son buenos para tu perro

Si bien lo más aconsejable es controlar lo que damos de comer a nuestro perro, hay algunos alimentos de consumo humano que no sólo pueden comer, sino que son beneficiosos para su salud. Conocer cuáles son nos ayudará a mejorar su estado físico y a ofrecer variedad en su menú.

Ya comentábamos antes que no todos los perros son iguales. Algunos, aunque cueste creerlo, son muy medidos a la hora de comer, sólo comen su pienso y no son adictos a las golosinas caninas. Otros, como es el caso de Lola, son muy comilones, pero hay algunas cosas que no prueban bajo ningún concepto. Y hay otro grupo que son capaces de comer hasta las cosas más increíbles. En todo caso, merecería la pena acostumbrar a nuestros perros a comer algunos de los alimentos de esta lista, porque tienen propiedades que mejoraran considerablemente la salud de nuestros adorados perrines. Y, si conseguimos que les gusten tanto como las salchichas, hasta agradeceremos que sean tan golosos.

1. Zanahoria Es una de las mejores verduras que pueden comer los perros, especialmente cruda. A Lola de pequeña le gustaban, pero a partir del año, comenzó a salir sigilosamente de la cocina cuando la utilizo. Igual que para los humanos, son beneficiosas para la visión, especialmente la nocturna; son diuréticas, antisépticas y ayudan a combatir la anemia y los problemas respiratorios. Su fuerte consistencia es excelente para eliminar el sarro de los dientes.

2. Huevos ¡A Lola le encantan! De vez en cuando de doy un huevito cocido sin sal. Cuando me ve sacar uno de la nevera y ponerlo en un cazo sin cascar, no sale de la cocina hasta que no se lo come. Eso sí, antes de dárselo me aseguro de que esté bien frío y se lo sirvo en trozos, porque temo que sería capaz de tragárselo entero. Este alimento es muy rico en proteína animal, esencial en la dieta equilibrada de los perros. Los ácidos grasos que contiene mejoran la salud de la piel y, por ende, del pelaje, por lo que pueden reducir la piel escamosa o seca y aumentar el brillo de su pelo.

3. Patatas Este tubérculo es un alimento excelente para los perros porque les aporta mucha energía gracias a los hidratos de carbono de lenta absorción que contiene. Además, la patata es rica en fibra, mucho más si se consume con piel, vitamina B, selenio, potasio y, como remate, hervida, es baja en calorías. Eso sí, nunca le des a tu perro patata cruda… sin hervir es muy tóxica para perros y humanos. En ocasiones, le doy a Lola una patata cocida en agua sin sal como sustituto de su ración de pienso ¡y se relame los bigotes!

4. Yogur natural A diferencia de la leche que, por contener lactosa, puede producir diarrea en los perros, el yogur natural (sin azúcar) es una excelente fuente de calcio, proteínas, magnesio y potasio. Además, favorece su sistema digestivo gracias a las bacterias, el ácido fólico y la niacina que contiene. Será por ello que mejora la consistencia de los desechos sólidos, disminuye los gases y contribuye en el tratamiento de infecciones por levaduras, diarreas, estreñimiento, entre otros trastornos intestinales. También mejora su sistema inmune. Y ahora que comienza el buen tiempo un yogur helado, sin azúcares o edulcorantes artificiales, será un premio excelente después de un cálido paseo.

5. Pescado Me dan mucho miedo las espinas, pero abrir una lata de atún o de sardinas es como ofrecer a Lola el más delicioso de los aromas caninos. Así que suelo rociar su pienso con un poco del aceite y algunos trocitos de la carne… Lo disfruta tanto que, literalmente ¡se le salen las lágrimas! El pescado azul es el mejor para los perros, por sus altos contenidos de Omega 3 y vitaminas A, D, B1, B2, B3, B12, D y E, que apoyan el sistema inmune y benefician la piel y su pelaje. El salmón, ingrediente destacado en muchos piensos, favorece la alimentación de los perros con problemas de alergia o artritis canina.

6. Espárragos Crudos o cocidos, puedes premiar a tu perro con algunos trocitos. En casa siempre tengo un bote reservado para Lola porque cuando sufre estreñimiento es el mejor remedio. Por suerte le encantan, se los come enteros, casi sin masticar y, al día siguiente ¡problema solucionado!

7. Brocoli Para los perros que no suelen tener problemas de gases, es una verdura excelente, por sus propiedades anti-bacterianas. Contiene fibra y ácido fólico y beneficia la piel, los ojos y los huesos de nuestro perro. Lola sabe cuando preparo bróculi, supongo que reconoce su olor, y yo no olvido nunca reservar dos preciosos ‘arbolitos’ de esta verdura para acompañar su plato de pienso.

8. Fresa Es curioso, Lola no come fresas cuando las compro en el supermercado, pero gustosamente me acompaña a probar las que cultivamos en nuestra terraza. Como todas las frutas, es rica en azúcares, por lo que debemos moderar su consumo en nuestros perros, además de que sus ácidos, en cantidades excesivas, podrían provocarles diarreas. Sin embargo, esto no significa que no puedan comerla en pequeñas cantidades, ya que aportan variedad a su dieta y antioxidantes naturales, vitamina C, magnesio, cobre, taninos, lecitina, pectina y flavonoides.

9. Calabacín Bajo en calorías y muy alto en fibras, proteínas, minerales y vitaminas C y B. He leído que contribuye a eliminar en los perros la coprofagia, no lo he comprobado aún pero si Lola remite en ese hábito lo probaré.

10. Judias verdes Fuente de fibra vegetal, vitamina K, vitamina C y manganeso, posee propiedades saciantes que pueden ayudar a mantener el peso ideal en perros que, como Lola, tienen tendencia a engordar. Son un alimento excelente con bajas calorías.

Soy partidaria de que Lola tenga una dieta basada principalmente en un pienso adecuado a su edad, necesidades energéticas y control de peso, pero reconozco que me gusta darle alguna cosita diferente de vez en cuando, porque para una perra que disfruta tanto comer, debe resultar muy aburrido encontrar en su cuenco siempre lo mismo. Pero su salud me importa mucho, es por eso que antes de ofrecerle algo diferente, me aseguro de que sea en pocas cantidades y de informarme de que no resulta perjudicial para ella. Después de todo, somos lo que comemos.