10 de las razones por las que las personas con perro pasamos fácilmente por locas

Hay una frase que suelo decir cuando sale a colación mi desbordado amor por Lola, suena más o menos así: “Todas las personas estamos más o menos locas. Si mi locura son por los perros, me siento orgullosa de haber perdido la razón”.

Me he encontrado por casualidad con este vídeo que se titula “10 razones por las que las personas con perro están locas”. He apuntado los enunciados y ahora, que leo nuevamente el título, me pregunto: ¿estas 10 cosas son las que nos han enloquecido? ¿o son estas 10 cosas las que llevan a que “los no perrunos” piensen que se nos ha ido la cabeza?

En fin, leedlas y sacad vuestras propias conclusiones.

  1. Tu suelo siempre está cubierto de juguetes mordisqueados. En casa no me encuentro muchos juguetes de Lola, pero botellines de plástico triturados hay por cada rincón. Me esfuerzo por quitarle uno antes de sacar uno nuevo, pero pierdo el control de los que andan en circulación. En fin, me consuelo pensando que los llevo al contenedor amarillo con un reciclaje de más.
  2. El menú de tus perros resulta mejor que el tuyo. No creo que Lola esté de acuerdo con esto, pero opino que ella come más sano que yo. Pocas grasas, harinas y nada de azúcar. En mi lista de la compra suelo incluir yogures naturales desnatados, exclusivos para ella, sus galletas para la merienda, palitos para sus dientes y, de cuando en cuando, le doy un huevo cocido, uno de sus manjares preferidos. Sin contar con que no hay día en que yo coma judías verdes, espinacas o brécol que no complemente su ración de pienso con uno de estos ingredientes de mi dieta.
  3. Conoces mejor a los perros de tus vecinos que a tus propios vecinos. Es así, admitámoslo. Los perros son muy educados. Si se cruzan en la calle, se saludan aunque no se conozcan. Terminas reconociéndolos, saludándolos y, si son muy especiales, casi ni te fijas en el humano que va del otro lado de la correa. Quien esté libre de pecado que tire la primera galleta.
  4. No bromeas cuando te refieres a tu perro como a “tu niño peludo”. Y es que son unos eternos niños, aunque sean abueletes, su mirada es siempre inocente y no dejan de pedir mimos como cuando eran pequeñines.
  5. Desconfías de las personas a las que no les gustan los perros. Si alguien pone cara de asco ante un tierno cachorrito ¿no es para desconfiar?
  6. Tu despertador pasa a ser un hocico mojado. En mi caso, no. Lola está sincronizada conmigo. Si duermo, ella duerme. Si me levanto, ella también. Y me gustaría que me despertase a lametones, en lugar del odioso despertador.
  7. Tu perro no se queda sin regalo de Navidad. ¡Si para ella la Navidad es todos los días! No porque le compre juguetes a granel, sino por que cualquier cosa es para ella motivo de inmensa alegría. En realidad, eso es la Navidad.
  8. Las babas pasan a ser parte de tu día a día. Lola no es de babas, pero de pelos sí. En los rincones, en mi ropa, en las cortinas…
  9. Tu perro se convierte en el mejor confidente y amigo. Ah ¿es que hay otros confidentes además de los perros?
  10. A pesar de todo esto, sabes que tener un perro es una de las mejores cosas que tienes en la vida. ¿O no?

Y vosotros, perros del mundo ¿qué pedís en esta Navidad?

Muchas veces me lo pregunto ¿qué es lo que más le gusta a Lola? Le gustan muchas cosas: comer, correr, los días de viento, saludar a humanos propios y extraños, dormir, jugar con botellines de plástico, pasear en coche, las visitas humanas, los mimos, estar en casa, el parque, su cama grande, beber agua del bidé… Pero ¿lo que más le gusta?

Reduciendo la lista, sacando las cosas sin las que podría pasar el día, creo que lo que más le gusta es comer, dormir, los mimos y estar conmigo. Si he de elegir sólo una, estaría entre comer y estar conmigo. Tomando en cuenta que si antes de salir de casa le dejo una de las galletas que más le gustan y al regresar me encuentro con que no se la ha comido, y lo hace sólo segundos después de mi llegada, creo que puedo concluir que lo que más anhela Lola en el mundo es mi compañía.

Y es que estos animalitos que nos entregan su amor y lealtad incondicionales lo que más necesitan es compañía y cariño. Sí, es importante darles una buena alimentación, cuidados veterinarios y comodidades, pero para ellos, somos nosotros lo que más quieren en el mundo. Es por ello que, en estas fechas, os invito a penséis en ello, en la nobleza de sus sentimientos hacia nosotros y en que si es importante estar con nuestros seres queridos en estas fechas familiares, también lo es no dejar a nuestros perrillos solos en casa, porque para ellos sus humanos somos su familia… Si pudiesen pedir un regalo de Navidad a Papá Noel, seguro que pedirían “¡Mimos hasta aburrir!”

Felices fiestas, muchos mimos perrunos y paz para todos los seres vivientes de este enorme planeta.

No es más limpio el perro que no ensucia, sino el que no está en medio cuando limpias

¿Es tu perro de esos que se asustan con el ruido del aspirador? ¿O de los que ven en la fregona y la escoba a dos armas peligrosas? Si, ante la presencia de estos tres limpios enemigos, tu perro opta por quedarse muy quieto en su cama es posible que, sin saberlo, seas una persona con mucha suerte, porque si ya dedicar un día a la limpieza no suele resultar muy divertido, hacerlo bajo la estricta vigilancia de tu perro, te aseguro, no hace la tarea más fácil.

Me gusta ver mi casa limpia y ordenada, pero invertir un día libre en conseguirlo es algo que no me resulta inspirador. Prefiero dedicar ese tiempo a otras cosas más satisfactorias o, sencillamente, a descansar, pero no somos muchos los que podemos librarnos de las labores domésticas.

Casi desde el principio acudo a uno de mis mejores aliados, el aspirador. Cuando Lola ve que abro el armario donde lo guardo, parece decir “¡Comienza la fiesta!“. Observa atentamente cómo lo saco y me acompaña, moviendo el rabo, hasta donde acostumbro a comenzar la labor, mi habitación. Una vez allí se convierte en una supervisora de primera línea. Se coloca siempre en el camino del aspirador o se sienta encima del cable, y sólo cuando el fuerte tirón parece indicarle que está “estorbando un poco” es cuando se mueve, muy perezosamente eso sí.

Barrer la terraza siempre resulta complicado cuando la perrita está de por medio. Porque es literal, se pone justo en medio. Con tanto espacio, ella decide que el punto más agradable para observarme es exactamente donde voy acumulando el polvo, primero lo huele muy bien, ensuciándose bastante la nariz y luego se sienta encima. Sólo se escucha el sonido del cepillo frotando el suelo y una frase que se repite una y otra vez “¡Quita, Lola, por favor!“.

Luego viene el momento de sacar las plantas de interior para limpiar el salón más fácilmente y, de paso, regarlas con comodidad. Voy llevando los maceteros uno a uno a la terraza mientras ella me acompaña, pero no a mi lado, ni detrás de mí, no… Delante, guiándome por un camino que me sé de memoria, pero despacio, muy despacio, como quien cuenta con todo el tiempo del mundo para aspirar, quitar el polvo, recoger, limpiar, fregar y, finalmente, recobrar el aliento.

Una vez que las he sacado todas, abro el grifo de la manguera para regarlas generosamente y Lola, como una planta más, se pone en medio de ellas, camina sobre el suelo mojado para luego entrar a casa con las patitas bien empapadas… ¡Es un encanto!

Pasar la fregona se parece un poco a lo del aspirador, con el ingrediente adicional de la satisfacción que siente Lola al pisar el suelo mojado, supongo que dirá “¡Ah, que gustito se siente caminar sobre esta superficie húmeda!

Creo que cuando limpio el baño es el único momento que no supervisa detenidamente, supongo que no se fía demasiado de ese cajón acristalado donde suelo meterme cual coche en autolavado… Aunque cada día se queda un ratito más.

Seguramente os preguntaréis si no sería más fácil encerrarla en una habitación mientras limpio… Sí, probablemente sería más fácil, pero no más divertido, porque aunque me queje y me ría por no llorar al verla siempre en mi camino, es más lo que me río a la vez que voy preguntándome “¿Qué será lo que le resulta a Lola tan divertido de verme limpiar? No lo entiendo

Al final del día, una buena ducha me devuelve la dignidad, pero no alivia el dolor que comienzo a sentir en todo el cuerpo. Lola termina agotada, no por el esfuerzo, sino porque se ha pasado el día de aquí para allá, detrás -o delante- de mis pasos, sin echar la siesta ni un minuto. Nos metemos a la cama, ella se queda profundamente dormida, yo la observo mientras en mi cabeza sigue sonando una frase “¿Qué será lo que le resulta a Lola tan divertido de verme limpiar? No lo entiendo

Más vale vacunar que curar: Vacunas obligatorias y cuidados veterinarios mínimos que debes darle a tu perro

Muchas personas tenemos la percepción de que nuestros perros son como niños eternos. En parte se debe a la imagen de indefensión que para los humanos representa el que nuestras mascotas no puedan hablar. Pensar que nuestro perro puede estar sintiendo alguna molestia física y que no puede decirnos qué es, preocupa a muchos y debe hacernos reflexionar acerca de la importancia de la atención veterinaria preventiva y del cumplimiento del calendario de vacunaciones.

En España, la ley obliga a vacunar a los perros contra el moquillo, la Parvovirosis, la Hepatitis Canina y la rabia. Mientras más pronto se vacune al cachorro mucho mejor, porque se reduce la posibilidad de un contagio temprano de alguna de estas enfermedades y la eficacia de éstas vacunas es mayor cuanto más joven es el animal. Es importante considerar que los primeros cuatro meses de su vida son los más vulnerables a contraer cualquier tipo de enfermedad infecciosa.

Hay otras enfermedades contagiosas cuya vacuna, aunque no es obligatoria, es importante aplicar. Es por ello que los veterinarios suelen hablarnos de las vacunas divalentes, tetravalentes y polivalentes o heptavalentes. Como puede que ya sepas, la vacunación consiste en la introducción en el organismo, mediante medios artificiales, de una sustancia que contiene una fracción del virus o bacteria que se pretende evitar, para que el mismo organismo cree los anticuerpos correspondientes.

Muchos de nosotros nos fiamos del buen hacer de nuestro veterinario de confianza y luego olvidamos los nombres de las enfermedades que hemos evitado con las vacunas que les han suministrado, así que, a modo informativo, vamos a hacer un repaso de lo que hemos librado de padecer a nuestros perritos gracias a una correcta vacunación.

La divalente ofrece protección contra el moquillo y la Parvovirosis. La tetravalente contiene las fracciones del moquillo, la Hepatitis Infecciosa Canina, la Leptospirosis y la Parvovirosis. La polivalente es la más completa porque engloba todo lo anterior, más las vacunas contra la tos de las perreras, Leptospira icterohemorrágica y el Adenovirus tipo II.

De éstas enfermedades, las únicas que pueden ser transmitidas a los humanos son la Leptospirosis y la rabia. La Leptospirosis ocasiona lesiones renales y hepáticas y se transmite al beber agua contaminada con el virus o por el contacto con la orina de un perro infectado.

La rabia está prácticamente erradicada desde 1966, aún así su vacuna es obligatoria en casi todo el territorio español.

Un paramixovirus (morbilivirus) es el responsable de que el moquillo produzca en los perros que la padecen lesiones en el sistema nervioso que pueden ser dejar secuelas permanentes o causar la muerte.

La Hepatitis Infecciosa Canina o Vírica provoca un edema de córnea u “ojo azul”, además de fiebre, decaimiento, vómitos y diarrea, en algunos casos hemorrágica, y afecta principalmente al hígado.

La Parvovirosis es una enfermedad intestinal producida por un parvovirus. Causa vómitos y diarrea hemorrágica, por lo que acarrea una fuerte bajada en las defensas del animal. Aunque se calcula que se llega curar al 85% de los animales que la contraen, lo más recomendable es la prevención.

La tos de las perreras es producida, principalmente, por el virus de la parainfluenza. Es una enfermedad leve, pero según la raza del perro que la contraiga (peor lo llevan las razas braquicéfalas como los Bóxer, Bulldog, Mastiff, Pequinés, etc.) puede complicarse y alcanzar mayor gravedad. Se caracteriza por una tos muy fuerte, que da la sensación de que el animalillo tiene algo atascado en la garganta que intenta expulsar y no puede. Sus esfuerzos al toser pueden producir náuseas y vómitos.

Si la madre está correctamente vacunada, y ella, y sus cachorros están bien alimentados, podrán responder mucho mejor a la infección de alguna de estas enfermedades. Sin embargo, lo más recomendable es que una visita al veterinario sea la primera cosa que hagamos al recibir a un perro de cualquier edad en nuestra familia.

Tu veterinario te indicará el calendario de vacunaciones, porque no se administran todas en la primera consulta. Este calendario será, más o menos, así:

6 Semanas DIVALENTE

8 Semanas TETRAVALENTE

10 Semanas HEPTAVALENTE

5-6 Meses RABIA

Para evitar el contagio temprano de alguna de las enfermedades señaladas, es conveniente no exponer al perro al contacto con otros antes de que le sean administradas todas las vacunas, a menos que tengamos la certeza de que sus nuevos amigos están correctamente vacunados. Tampoco conviene que paseen por zonas frecuentadas por perros desconocidos.

La veterinaria de Lola me lo advirtió en su momento, pero mi pequeña era un huracán lleno de energía que arrasaba con todo lo que encontraba a su paso en casa. Me resultó imposible mantenerla sin salir durante, lo que para mí era, un período tan largo de tiempo, así que opté por sacarla de paseo sólo por las aceras, que suelen recibir limpieza, evitando los parques y el contacto con otros perros.

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Lola con poquitos meses de vida y lo que quedaba de su primera cama

Por otro lado, es muy importante tener en cuenta que es obligatorio vacunar contra la rabia a los perros todos los años así que, al mismo tiempo, las veterinarias de Lola le aplican una heptavalente.

Además de las vacunas, si tu perro no sufre algún problema de salud ocasional, debes llevarlo una vez al año, por lo menos, a una revisión veterinaria de rutina. Cada 3 meses debes darle una pastilla de desparasitación interna y no olvidar las pipetas y/o collares que evitarán las indeseadas visitas de pulgas, garrapatas y, sobre todo, del mosquito causante de la temida Leishmaniosis, enfermedad provocada por un parásito (Leishmania), que invade diferentes órganos del perro y provoca lesiones de diversa consideración, pudiendo causar la muerte de la mascota.

Funda para cartilla Kucoo Hecho a Mano http://es.dawanda.com/shop/kucoo
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Recuerda conservar siempre a la mano y en buen estado la cartilla sanitaria de tu mascota, ya sea perro o gato. En ella están apuntados sus datos más importantes y tu veterinario colocará una pegatina con la fecha de cada una de las vacunas que reciba tu peludo.

A perro goloso ¡todo son salchichas! 10 alimentos, además del pienso, que son buenos para tu perro

Si bien lo más aconsejable es controlar lo que damos de comer a nuestro perro, hay algunos alimentos de consumo humano que no sólo pueden comer, sino que son beneficiosos para su salud. Conocer cuáles son nos ayudará a mejorar su estado físico y a ofrecer variedad en su menú.

Ya comentábamos antes que no todos los perros son iguales. Algunos, aunque cueste creerlo, son muy medidos a la hora de comer, sólo comen su pienso y no son adictos a las golosinas caninas. Otros, como es el caso de Lola, son muy comilones, pero hay algunas cosas que no prueban bajo ningún concepto. Y hay otro grupo que son capaces de comer hasta las cosas más increíbles. En todo caso, merecería la pena acostumbrar a nuestros perros a comer algunos de los alimentos de esta lista, porque tienen propiedades que mejoraran considerablemente la salud de nuestros adorados perrines. Y, si conseguimos que les gusten tanto como las salchichas, hasta agradeceremos que sean tan golosos.

1. Zanahoria Es una de las mejores verduras que pueden comer los perros, especialmente cruda. A Lola de pequeña le gustaban, pero a partir del año, comenzó a salir sigilosamente de la cocina cuando la utilizo. Igual que para los humanos, son beneficiosas para la visión, especialmente la nocturna; son diuréticas, antisépticas y ayudan a combatir la anemia y los problemas respiratorios. Su fuerte consistencia es excelente para eliminar el sarro de los dientes.

2. Huevos ¡A Lola le encantan! De vez en cuando de doy un huevito cocido sin sal. Cuando me ve sacar uno de la nevera y ponerlo en un cazo sin cascar, no sale de la cocina hasta que no se lo come. Eso sí, antes de dárselo me aseguro de que esté bien frío y se lo sirvo en trozos, porque temo que sería capaz de tragárselo entero. Este alimento es muy rico en proteína animal, esencial en la dieta equilibrada de los perros. Los ácidos grasos que contiene mejoran la salud de la piel y, por ende, del pelaje, por lo que pueden reducir la piel escamosa o seca y aumentar el brillo de su pelo.

3. Patatas Este tubérculo es un alimento excelente para los perros porque les aporta mucha energía gracias a los hidratos de carbono de lenta absorción que contiene. Además, la patata es rica en fibra, mucho más si se consume con piel, vitamina B, selenio, potasio y, como remate, hervida, es baja en calorías. Eso sí, nunca le des a tu perro patata cruda… sin hervir es muy tóxica para perros y humanos. En ocasiones, le doy a Lola una patata cocida en agua sin sal como sustituto de su ración de pienso ¡y se relame los bigotes!

4. Yogur natural A diferencia de la leche que, por contener lactosa, puede producir diarrea en los perros, el yogur natural (sin azúcar) es una excelente fuente de calcio, proteínas, magnesio y potasio. Además, favorece su sistema digestivo gracias a las bacterias, el ácido fólico y la niacina que contiene. Será por ello que mejora la consistencia de los desechos sólidos, disminuye los gases y contribuye en el tratamiento de infecciones por levaduras, diarreas, estreñimiento, entre otros trastornos intestinales. También mejora su sistema inmune. Y ahora que comienza el buen tiempo un yogur helado, sin azúcares o edulcorantes artificiales, será un premio excelente después de un cálido paseo.

5. Pescado Me dan mucho miedo las espinas, pero abrir una lata de atún o de sardinas es como ofrecer a Lola el más delicioso de los aromas caninos. Así que suelo rociar su pienso con un poco del aceite y algunos trocitos de la carne… Lo disfruta tanto que, literalmente ¡se le salen las lágrimas! El pescado azul es el mejor para los perros, por sus altos contenidos de Omega 3 y vitaminas A, D, B1, B2, B3, B12, D y E, que apoyan el sistema inmune y benefician la piel y su pelaje. El salmón, ingrediente destacado en muchos piensos, favorece la alimentación de los perros con problemas de alergia o artritis canina.

6. Espárragos Crudos o cocidos, puedes premiar a tu perro con algunos trocitos. En casa siempre tengo un bote reservado para Lola porque cuando sufre estreñimiento es el mejor remedio. Por suerte le encantan, se los come enteros, casi sin masticar y, al día siguiente ¡problema solucionado!

7. Brocoli Para los perros que no suelen tener problemas de gases, es una verdura excelente, por sus propiedades anti-bacterianas. Contiene fibra y ácido fólico y beneficia la piel, los ojos y los huesos de nuestro perro. Lola sabe cuando preparo bróculi, supongo que reconoce su olor, y yo no olvido nunca reservar dos preciosos ‘arbolitos’ de esta verdura para acompañar su plato de pienso.

8. Fresa Es curioso, Lola no come fresas cuando las compro en el supermercado, pero gustosamente me acompaña a probar las que cultivamos en nuestra terraza. Como todas las frutas, es rica en azúcares, por lo que debemos moderar su consumo en nuestros perros, además de que sus ácidos, en cantidades excesivas, podrían provocarles diarreas. Sin embargo, esto no significa que no puedan comerla en pequeñas cantidades, ya que aportan variedad a su dieta y antioxidantes naturales, vitamina C, magnesio, cobre, taninos, lecitina, pectina y flavonoides.

9. Calabacín Bajo en calorías y muy alto en fibras, proteínas, minerales y vitaminas C y B. He leído que contribuye a eliminar en los perros la coprofagia, no lo he comprobado aún pero si Lola remite en ese hábito lo probaré.

10. Judias verdes Fuente de fibra vegetal, vitamina K, vitamina C y manganeso, posee propiedades saciantes que pueden ayudar a mantener el peso ideal en perros que, como Lola, tienen tendencia a engordar. Son un alimento excelente con bajas calorías.

Soy partidaria de que Lola tenga una dieta basada principalmente en un pienso adecuado a su edad, necesidades energéticas y control de peso, pero reconozco que me gusta darle alguna cosita diferente de vez en cuando, porque para una perra que disfruta tanto comer, debe resultar muy aburrido encontrar en su cuenco siempre lo mismo. Pero su salud me importa mucho, es por eso que antes de ofrecerle algo diferente, me aseguro de que sea en pocas cantidades y de informarme de que no resulta perjudicial para ella. Después de todo, somos lo que comemos.

Quien tiene un perro ¡tiene un tesoro!

Las personas o hechos que se convierten en determinantes para la vida de alguien son aquellos que han supuesto un cambio real en su comportamiento. El comienzo de una nueva etapa, el inicio de una vida en un nuevo país, tener un hijo, perder a alguien querido, son hechos que han cambiado la vida de muchas personas para siempre. Aunque parezca una banalidad, la entrada de un perro a tu rutina diaria también puede tener una gran influencia en tu vida. Estos son sólo algunos de los cambios de los que hago responsable a Lola, para bien o para mal.

Mi sueño, ya no es sagrado Cuando comencé a trabajar también comenzaron mis problemas para dormir. Supongo que por mi excesivo sentido de la responsabilidad o por que, al gustarme mucho mi profesión, pienso en mis proyectos más tiempo del que debería. Lo cierto es que me cuesta tanto conciliar el sueño que, cuando por fin logro dormir, ser despertada por una tontería me produce un gran enfado. Bueno, me lo producía, hasta que llegó Lola. Durante su primer año, por suerte, pasaba la noche dormida como un tronco. Luego comenzó a querer pasar ratos en mi cama, no sin antes pedir permiso. Por lo que ponía las patitas en el borde del colchón esperando a que le dijera “¡sube!”. Lo sorprendente es que no me enfada que me despierte para eso más de una vez cada noche, sino que ahora la invito a acompañarme con un “¡hola, mi vida, sube!” y, lo mejor, es que concilio el sueño inmediatamente al calor de su cuerpecito peludo.

Me llamo Lola, la dueña de Lola No sólo me siento muy orgullosa de la popularidad de la que goza Lola en el barrio, sino que me siento feliz cuando los vecinos me dicen “Perdona, no sé cómo te llamas, siempre me refiero a ti como la dueña de Lola”. Y pensar en todo el esmero que le puso mi madre en la elección de mi nombre…

Odio los pelos Al menos es lo que solía decir cuando limpiaba mi casa y recogía mis largos y rizados cabellos de todos los sitios. Ahora, los míos son el menor de mis problemas, los de Lola aparecen en los sitios más inesperados, salen de casa en mi ropa, están entre mis libros, las arañas tejen sus telas con ellos… Pero ya casi no me importa, total, son los pelos de mi pequeña.

Corre, Lola, corre Nunca me ha gustado el deporte, ni para verlo, mucho menos para practicarlo. Sólo me gusta el ballet, el yoga, el tai-chi, con esos movimientos pausados, relajantes, llenos de arte. Por un chico que me gustaba mucho probé el esquí durante tres días en los que me juré no volver a someter a mi cuerpo a semejantes esfuerzos por la atención de ningún hombre. Mis actuales vecinas disfrutan de experimentar diferentes actividades en grupo. Un día me propusieron salir a correr, y cuando estaba a punto de negarme, incluyeron a nuestros perros en el plan. Desde lo más profundo de mi corazón salió un estridente “¡me apunto!”, lo que me llevó comprar ropa deportiva y zapatillas, y a dejarme el aliento dando carreras por el barrio, con el único aliciente de ver a mi perra feliz practicando con su humana su deporte preferido.

Esta es la tuya, Lola Reconozco perfectamente cual es la caquita de Lola de entre cualquier otra que encuentre en el parque. Porque, aunque parezco un mago sacando bolsas de todos los bolsillos cuando meto la ropa a la lavadora, son muchos los irresponsables que no recogen las deposiciones de sus perros. A mí ya no me da asco, ni siquiera me llega su ‘aroma’ y sé que, aunque no lo digáis, vosotros también distinguís los ‘regalillos´de vuestros perros allá donde los veáis.

Mi casa, nuestra casa Hubo un tiempo en que, si permanecía mucho en casa, se me venía el techo encima. Ahora lo que más me gusta en estar en casa para disfrutar de la compañía de Lola. De su mimos, y lo de mucho que me hace reír cuando se queda mirando fijamente la tele, o de las mil poses que adopta para que le rasque la tripa. De la manera como lleva su mirada de mis ojos hasta el armario donde guardo sus galletas, en clara señal de que le apetece un piscolabis. Y de las batallas que libra con los botellines de agua vacíos que le dejo para jugar.

En resumen, me llaman Lola pero duermo mejor, puede que algún día me habitúe a hacer ejercicio regularmente con la ropa llena de pelos, y soy mucho más feliz, porque me río mucho más en casa con cosas sencillas que sólo los que amamos a los perros podemos comprender.

Y a ti ¿cómo te ha cambiado la vida tu perro?

Cria perros ¡y te lamerán los morros!

Lo reconozco, los lametones de Lola no eran de mi predilección. De pequeña, ella no era excesivamente besucona, pero tampoco lo era menos que la mayoría de los perros. Pero el tiempo pasa, el cariño crece… Y todo esto sumado a una buena limpieza dental han hecho que ahora me sienta feliz con los extensos y muy concienzudos besos que Lola me brinda.

Como todos los humanos de perros, asocio los besos de mi chiquilla con el amor que me tiene, pero no deja de intrigarme ver que, en ocasiones, interrumpe su profundo sueño para lamer su cama un rato antes de continuar durmiendo plácidamente. Supongo que son cosas de perros.

Los que no tienen la fortuna de convivir con una mascota, miran con horror que nuestros animalitos recorran nuestra cara con sus lenguas y que intenten hacer lo mismo con ellos. Para estas personas y para los que sí nos dejamos besar, no sólo por nuestros perros, sino por cualquier otro que nos encontremos por la calle, van estas consideraciones acerca de lo que significan los besos caninos y sus beneficios.

De perro a perro

A diferencia que para las personas, la vista no es el sentido más importante de los perros. El olfato, y luego el gusto, les permite captar importantes datos acerca del lugar y los seres que les rodean. Cuando un perro lame a otro, le puede indicar si hay comida cerca. De hecho, muchas veces he visto a Lola lamer el morro de otros perros después de un buen reparto de galletas… para ella las migas en la boca de otro perro son un motivo excelente para un buen beso canino.

Puede que por lo anterior y porque los cachorros lamen la cara de sus madres para pedir alimento, es que se ha generalizado la teoría de que los perros también nos besan cuando tienen hambre. Eso Lola no lo hace, cuando quiere comer se va silenciosamente a la cocina, donde permanece el tiempo que sea necesario, hasta que le lleno su cuenco.

Dentro de una manada, cuando un perro lame a otro es una señal de que le acepta o de que respeta su autoridad dentro del grupo.

Los lametones también pueden aliviar su ansiedad, supongo que es un gesto similar a los que tenemos muchas personas cuando estamos nerviosas. Pero, como todo en exceso es malo, si ves que tu perro se lame excesivamente alguna parte de su cuerpo, como las patas por ejemplo, consulta con tu veterinario. Si el pelaje se tiñe de un tono rojizo o si aparecen calvas, puede significar que tu perro está más ansioso de lo normal.

Bésameee… Bésame muuuchoo

Los besos de los perros a sus dueños no sólo son señales claras del cariño que nos tienen, sino del respeto y aceptación de la autoridad que tenemos dentro de su familia, o ‘manada’ en el lenguaje canino.

Sin embargo, no dejemos de lado que los perros tienen tendencia a preferir los sabores salados a los dulces (por suerte, porque los azúcares tienen efectos muy perjudiciales en su salud), lo que puede explicar que sean especialmente ‘besucones’ cuando estamos sudados. Si tu perro busca lamerte cuando te aplicas crema corporal, no te preocupes, a todos les gusta su sabor, no sé bien por qué. Lola incluso reconoce el sonido del tapón del bote de crema cuando lo abro y viene enseguida cuando lo escucha, aunque estuviese dormida.

Además, el sabor de cada persona es diferente, y lamernos les permite a los perros obtener importante información acerca de nuestra composición química, nuestro estado de salud y anímico. Así al llegar a casa, a través de un beso, nuestro can puede saber si hemos tenido un día bueno o malo en la oficina. Varios estudios afirman que los perros son capaces de sintonizar con nuestra alegría o tristeza a través de los besos que nos regalan.

Pero el asunto de los besos perrunos no acaba aquí. La antropóloga Kim Kelly, de la Universidad de Arizona, sostiene la hipótesis de que los microbios presentes en el sistema digestivo de los perros pueden influir positivamente en nuestra flora bacteriana.

Al parecer, han sido excesivos los avances que ha realizado la medicina en la eliminación de las bacterias responsables de muchas enfermedades, lo que ha incrementado el auge de las enfermedades autoinmunes, como las alergias o el asma, porque el sistema inmune de los humanos se confunde en su labor de atacar a las bacterias patógenas perjudiciales, y se va también en contra del cuerpo mismo.

A esto han contribuido el uso excesivo de antibióticos, los cambios en la dieta, el culto exagerado por la higiene y el contacto poco frecuente con la naturaleza. Aunque a muchos nos haga gracia, es en estos dos puntos en donde tener un perro en casa ayuda a mejorar nuestra flora intestinal. En mi caso, gracias a Lola mi adicción por la limpieza se ha reducido a niveles alarmantes y ha aumentado mi interés por pasar más tiempo al aire libre y por realizar paseos por el campo y regocijarme al verla tan feliz, remojándose en cualquier corriente de agua que encuentra a su paso.

De hecho, estos estudios demuestran que la composición de los microorganismos que conviven normalmente en el cuerpo de los dueños de perros es diferente y más variada que la del resto de las personas.

Para confirmarlo, los investigadores de la Universidad de Arizona están reuniendo a hombres y mujeres con edades comprendidas entre los 50 y los 60 años que no hayan convivido con perros en más de seis meses. Los seleccionados compartirán su rutina diaria con un perro durante más de tres meses para analizar los cambios producidos en su flora bacteriana, su dieta, su actividad física y sus funciones autoinmunes.

Estoy segura de que los resultados que se obtengan nos harán valorar aún más, si cabe, los besos que nos dan nuestros perros. Y seguramente demostrarán que las personas participantes habrán ganado en autoestima, bienestar y buen humor.

Érase una vez…

La primera vez que la vi estaba medio dormida. Era una bolita peluda de tres meses, con largas orejas y con olor a leche. Durante su primer año de vida retó mi paciencia y luchó por hacerse con la autoridad de nuestra relación. Su obsesión por los calcetines me hizo correr tras ella en medio de la oscuridad de una noche de invierno, mientras ella perseguía los que llevaba puestos un veloz corredor que, sin detenerse, gritaba “¡cógela, cógela!“, a lo que yo respondía, casi sin aliento, “¡para, para!“.

Cuando se aburría, lamía concienzudamente los enchufes, roía las paredes y mordisqueaba los cables, incluyendo el de la plancha mientras yo la utilizaba. Sus orejas eran tan largas que se las pisaba cuando bajábamos, una y otra vez, las escaleras de las seis plantas que separaban nuestra casa de la calle, y aún así era imposible agotar su intensa energía. Nos gustaba jugar a Dracula o a Tiburón, yo siempre era el villano de afilados dientes y ella, bueno, ella siempre era Lola. Durante uno de esos juegos fingí mi muerte. Me quedé inmóvil en el suelo y no reaccioné cuando se acercó a mi, frotó su nariz contra mi cara y se fue. Seguí allí un rato, esperando que volviese y mostrara algo de preocupación… Otro rato más, me aburría y hacía calor, me esperé lo peor, que se hubiese entregado a una tristeza infinita al creerme perdida para siempre… Me levanté y la encontré a la fresca, profundamente dormida en el templado suelo del baño.

El trono en nuestro diminuto reino era el sofá. Yo, ilusa yo, había decidido que no se subiera en él. Lo que yo no sabía es que Lola había decidido todo lo contrario. Comenzó una lucha sin cuartel por la conquista del sofá, me daba la vuelta y ella se apoderaba de él. Mientras estaba entregada a la limpieza de la casa, ella se relajaba en el sofá. Cuando me sentaba a comer, Lola subía al sofá, yo me levantaba y la bajaba, tantas veces durante tantas comidas que la ropa comenzó a quedarme holgada. Un día realizamos el acto de coronación. Acudimos al sofá con la corona y la capa dorada. Lola, sentada en el sofá las lucía con orgullo. Por suerte, me permitió tumbarme en él, con la condición de estar ella también. Muchas veces la encontré allí, cómodamente tumbada, con la cabeza apoyada en mi cojín, en la misma posición que yo adoptaba para ver la televisión.

Destrozó sus dos primeras camas, rasgó mis pijamas preferidos y una sabana, en una ocasión en la que decidió que las cinco de la mañana era la mejor hora para dar un entretenido paseo. En una relajada tarde de café en una terraza aprovechó mi distracción para comerse su correa… Tuve que llevarla a casa atada con mi cinturón. Lo del aprendizaje no dio buenos resultados hasta que comencé a incentivar su concentración con el novedoso sistema del estímulo positivo ¡una galleta! Comencé a asociar la galleta con que me diese la pata… Un día, otro, otro más y al cuarto me la dio ¡ohhh, me ha dado la pata! ¿Habrá sido casualidad? Otro intento, y otro, y otro, todos exitosos… Esa tarde comió galletas como nunca en su vida.

Con galletas aprendió que sus deposiciones naturales se hacen “durante” el paseo y no “a la vuelta del paseo”. Con galletas aceptó de buen grado recibir el tratamiento para la otitis, las gotas para la conjuntivitis, los medicamentos para la gastroenteritis y algún otro cuadro clínico terminado en “itis” que ya no recuerdo. No fue una etapa fácil, pero nos sirvió para aprender mucho la una de la otra. Ella aprendió que cuando se me pone el cuello rojo y se me brota una vena es el momento de dejar de mordisquear el calcetín mojado que se me cayó del tendedero. Yo aprendí que Lola tiene mejor memoria que la mía, porque si al inicio del paseo hay un trozo de pan que no le dejé comer, ella lo atrapará a la vuelta, cuando ya yo he olvidado su existencia.

Ella aprendió que mis horas de salida del trabajo eran poco predecibles. Yo aprendí a comprender que si me demoro en llegar a casa es normal que ella no pueda controlar ciertos “escapes”. Ella aprendió que, aún así, yo la sacaría a la hora que llegase, fuese cual fuese. Yo aprendí a disfrutar de un paseo después de una excesiva jornada de trabajo porque, a esas horas, no hay nadie en la calle y podíamos jugar y correr en las zonas peatonales sin molestar a nadie y con total libertad.

Una madrugada cuando una llamada telefónica inició la antesala de la peor de las noticias, aprendí que su cercanía, el calor de su cuerpo y el ritmo de su corazón son capaces de sosegar mi angustiado corazón. Juntas vivimos la pérdida de un empleo al que me había entregado más de lo conveniente, la muerte de mi madre, dos intervenciones quirúrgicas, una cada una, un cambio de casa, y una larga crisis económica y sus consecuencias.

Hoy tiene seis años. Ya no le gusta el plátano pero le encanta el brocoli. No ha destrozado más camas, porque la que tiene ahora es su adoración. No persigue calcetines, solo sigue los rastros de cosas ricas y sorprendentes que pueda comer. Prefiere a las personas que a los perros, pese a que le digo que son más fiables los segundos que los primeros. Me mira de reojo cuando lo que le digo no le convence del todo. Es la musa de Kucoo Hecho a Mano, mi sueño, mi proyecto, mi cachorro de marca, que nació de mi empeño en que Lola llevase collares resistentes, bonitos y originales. Es mi directora de relaciones públicas en el barrio, su entusiasta manera de saludar a propios y extraños ha sido el inicio de muchas conversaciones con gente maravillosa.

Me sorprende constantemente. Es mi primera sonrisa del día y la última antes de dormir. Le canto a todas horas, con letras locas que hablan de ella y de lo mucho que la quiero. Me he acostumbrado a que me quite el maquillaje a lenguetazos, y ella ha tenido que aceptar que me gusta morderle la nariz. Yo soy su humana, ella es mi perra. En nuestra relación ninguna es superior a la otra. Somos dos seres diferentes que aportamos mucho a nuestra vida en común. Cuando dormimos juntas yo la cojo de una patita, por si al dormir nos lleva la marea, no nos separemos. Ninguna situación que yo pueda controlar hará que me separe de mi Lola, porque en nuestra pequeña familia, donde solo estamos ella y yo, ambas somos imprescindibles. Sin Lola no puedo vivir, porque, después de todo, ella me salvó la vida. La salvó del dolor, de la tristeza, de la soledad y me enseñó a sonreír solo con mirar mi reflejo en sus ojos morenos, profundos, brillantes y llenos de la energía de la naturaleza, sin egoísmos, sin maldad.

Lola no es un perro, es mi mejor compañía. Es la inspiración que nutre un proyecto que es mi ilusión. Kucoo no solo está hecho a mano, está hecho de corazón.