Disfruta con mayor libertad de tus paseos perrunos

Cuando damos un paseo con nuestro perro, necesitamos tener las manos libres para llevar la correa o premiarle cuando hace algo bien, por ejemplo.

Pero es normal que salgamos de casa cargados de cosas: el móvil, las llaves, algo de dinero, galletas, bolsas. Llevar un bolso al hombro puede resultar incómodo, y no hablemos de llevar los bolsillos llenos con todas estas cosas.

Para que tus paseos sean más cómodos y agradables, como lo son ahora los míos, Kucoo Hecho a Mano ha diseñado el Kit de Paseo Perruno Kucoo.

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Está compuesto por un pequeño bolso con el tamaño justo para llevar esas cosas, imprescindibles a la hora de salir con tu perro. El bolso está acolchado y dispone de un bolsillo interior para que separes el teléfono de las llaves del móvil y otros objetos que puedan rayar su pantalla con el roce. También tiene un pequeño y decorativo bolsillo exterior. Con uno o dos prácticos mosquetones, incluidos en el kit, puedes sujetarlo del asa de la correa de tu perro o de su propia asa para llevarlo al hombro o como bandolera.

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El kit incluye un collar y una correa a juego y de la talla que le corresponda a tu peludo. No lo pienses más, y disfruta con mayor libertad de tus paseos con el Kit de Paseo Perruno Kucoo.

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Cubreorejas o “Dog Snood” ¿estética o utilidad?

Los que convivimos con un perro de orejas largas y caídas, como el Basset Hound, el Sabueso, el Beagle, el Cocker Spaniel, el Springer Spaniel o el Teckel, entre otras muchas razas, sabemos que requieren cuidados especiales propios de esta característica física que los hace tan especiales.

Estos perros son propensos a infecciones del oído (otitis), producidas por la acumulación de levaduras y bacterias en el conducto auditivo externo debido a la falta de ventilación o a la humedad acumulada. Los síntomas que pueden manifestar son sacudidas frecuentes de la cabeza, el rascado constante del oído afectado, mal olor o secreciones.

Es importante comprobar frecuentemente que los oídos del perro se encuentren limpios. De no ser así, se recomienda una pronta revisión veterinaria para aplicar el tratamiento más conveniente y, posteriormente, realizar limpiezas periódicas en casa. Para Lola es un verdadero placer que le limpie los oídos. Está acostumbrada a ello desde muy pequeña y cierra los ojos y gruñe bajito de puro gusto.

Además de lo anterior, las orejas largas de estos perros están expuestas a las espigas, muy frecuentes durante el verano, a los pinchos –esas “cosas” redondas y molestas que se pegan del pelaje cuando hacen la “croqueta” que tanto les gusta a nuestros perretes, sobre la hierba–, la suciedad que recogen cuando arrastran las orejas para olfatear, la humedad, del suelo mojado o de su propio cuenco de agua e, incluso, los restos de la comida húmeda que les damos en casa. Para prevenir estos últimos problemas, un cubreorejas o “Dog Snood” resulta bastante útil.

Uso Dog Snood

El cubreorejas es una especie de redecilla que se coloca desde la parte alta de la cabeza hasta el cuello, sujetándose en esta zona gracias a dos bandas elásticas. De esta manera, en su parte central, las orejas del perro quedan resguardadas de los agentes externos antes mencionados.

Como es normal suponer, si tu perro no ha usado nunca un cubreorejas, es recomendable acostumbrarlo poco a poco, poniéndoselo primero por cortos períodos de tiempo que iremos aumentando progresivamente, mientras le recompensamos con mimos y alguna de sus golosina preferidas.

Aquellos perros que usen el cubreorejas a la hora de comer alimentos húmedos, lo asociarán con algo positivo, ya que todos disfrutan del momento de la comida.

Durante los meses de frío, los cubreorejas o “Dog Snood” protegerán a nuestros perros de orejas largas del frío durante sus paseos, si sufren de un resfriado, tos de las perreras o de otitis.

Ya ves, un cubreorejas, más que una moda o un complemento estético, es un accesorio que puede aportar muchas ventajas en el cuidado de los perros de orejas largas. Si consideras que a tu perro le conviene usar uno, pásate por nuestra tienda online. Allí los encontrarás con diferentes estampados y tejidos, que se adaptarán a tus necesidades.

¿Estamos realmente comprometidos con las mascotas?

Cuando el dinero escasea, es necesario establecer prioridades. Para los que tenemos el corazón comprometido con nuestros animales de compañía, su alimentación, cuidados y salud son, definitivamente, una prioridad.

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Lola y yo, siempre comprometidas la una con la otra.

Lamentablemente, muchas personas y familias, ven con dolor como su mascota enfrenta problemas de salud y no tienen recursos económicos para cubrir los gastos de un tratamiento veterinario. Es la cara oculta de la crisis para los propietarios de mascotas, agravada cuando el IVA en la sanidad de las mascotas se incrementó del un 8 a un elevadísimo 21%, muestra clara de que para los que dirigentes políticos los animales no son importantes.

Por suerte, hay muchos colectivos comprometidos con este tipo de situaciones. En las redes sociales encontramos noticias alentadoras de albergues que aceptan a personas sin recursos con sus mascotas. De animales que recubran la salud gracias a donativos de personas sensibilizadas.

De esta manera, me encontré un día con la iniciativa Compromiso Mascota, promovida por la Asociación Española de Veterinarios Clínicos (AEVET) quienes, preocupados ante el drástico descenso de visitas al veterinario y el aumento del número de mascotas abandonadas como consecuencia de la subida del IVA, se han propuesto demostrar rechazo su rechazo ante esta medida y concienciar acerca de la problemática que supone para los propietarios de mascotas el incremento de los impuestos a la sanidad veterinaria.

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¿A ver quién es el valiente que no se comprometería con la preciosa Mariposa?

Compromiso Mascota pone a la venta el “anillo de compromiso”, un símbolo mediante el cual los propietarios podemos sellar nuestro compromiso, no sólo con las nuestras sino, con todas las mascotas. Y es que el dinero obtenido con su venta es destinado, de manera íntegra, a cubrir los gastos veterinarios necesarios para salvar la vida de mascotas de personas sin recursos que necesitan atención médica urgente. El anillo es una preciosa correa roja, que te llega a tu buzón en una bolsita negra a cambio del pago de 6 euros (gastos de envío incluidos). Puedes adquirirlo a través del sitio web http://www.compromisomascota.com

Si eres un profesional veterinario, puedes adherir tu centro a esta iniciativa a través del mismo sitio de internet. Aún hay muchas provincias en las que no hay ningún centro adherido, mientras que en otras, como Madrid por ejemplo, hay una larga lista de clínicas veterinarias a las que las personas sin recursos económicos pueden acudir para recibir ayuda para salvar la vida a sus mascotas.

Compromiso CierreNada justifica el abandono de un animal. Pero de nada sirven las campañas de concienciación si no se crean los canales para que las personas que los queremos como lo que son, parte de nuestras familias, podamos recibir apoyo en situaciones críticas, como un problema de salud e, incluso, uno de carácter legal.

Muchos de los productos que confeccionamos, en Kucoo Hecho a Mano, invitan a declarar públicamente el amor que sentimos hacia nuestros animales con frases como “soy guau”, “con mi perro hasta el fin del mundo” o “quien tiene un perro, tiene un tesoro”. Con la compra y el uso de este anillo no sólo serás un exponente de este compromiso, sino que te convertirás en un actor participativo en ese gran movimiento que busca que los animales sean amados, respetados y considerados en este planeta que, también, es de ellos.

Propietario, veterinario ¡acepta el compromiso! Te enamorarás de esta iniciativa. Comparte tu compromiso para animar a más humanos a que se comprometan con las mascotas. Visita www.compromisomascota.com para obtener más información.

Rudy, o como criar a un cachorro y no morir de un ataque de nervios

Ya había escuchado varios comentarios acerca del nuevo chico del barrio, Rudy, un cachorrillo de Beagle con el que no había tenido el placer de coincidir. Un día, cuando regresaba a casa en compañía de una vecina que le conocía, nos encontramos con él, acompañado de su humana. Era un pequeño terremoto de orejas largas. No pude evitar cogerlo en brazos y disfrutar de que mordisquease el cuello de mi cazadora. Su humana le riñó con el típico gesto de señalarle con el dedo indice, mientras le decía que no debía morder. Inmediatamente, el briboncillo comenzó a aullar replicando a la reprimenda. En ese momento me di cuenta de que Rudy era muy parecido a Lola a su edad, inteligente, dominante y rebelde. Le dije a su humana que estaba segura de que su pequeñín sería protagonista de muchas historias.

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Rudy, castigado por haberse escapado y no volver cuando le han llamado.

Lola era un encanto para todos los que la conocían, pero para mí, encargada de su cuidado y educación, era un torbellino imposible de controlar. No soy una experta en comportamiento canino, pero el carácter de Lola me hizo ocuparme mucho de su disciplina durante sus primeros años, y hoy me siento orgullosa de los resultados. A los seis meses comenzó a abandonar el habito de hacer “sus cosas” en casa, gracias al refuerzo positivo de los premios y fue a partir del año y medio que  comenzó a atender a las pautas de educación que le impuse.

Hoy Lola no es, ni mucho menos, una perra modelo, pero es muy parecida a lo que quise que fuera cuando descubrí la fuerte personalidad que tenía siendo aún una bebida de tres meses.

Desde aquel primer encuentro con “el nuevo” del barrio han pasado unos seis meses y, actualmente, Rudy es un pequeño gamberro. Juega con todos los perros, sea cual sea su tamaño o edad. Roba cualquier pelota disponible y disfruta viendo como todos los perros corren tras de él intentando, sin éxito, quitarle ese tesoro. Aunque ya sabe como se llama, está claro que no le apetece destacar por obediencia. La mayoría de las veces, sus humanos optan por no soltarle, porque Rudy acostumbra a echar a correr con cualquier excusa y atraparlo luego es toda una odisea.

Su humana está al borde de un ataque de nervios. Me recuerda mucho a mí cuando Lola tenia unos ocho meses. Es por ello que decidí contarle algunas de las pautas que apliqué con Lola y que considero que fueron determinantes para nuestra actual convivencia.

1. El paseo es mucho más que un paseo. El paseo es una oportunidad ideal para crear lazos con tu perro y enseñarle disciplina y obediencia. Lola y yo teníamos que hacer un recorrido considerable antes de llegar a la zona del parque donde podía soltarla. Me agobiaba la manera desordenada y tirante con la que me llevaba. Observé que mientras más larga fuera la longitud de la correa, menor sería el dominio que ejercía sobre ella. Le hice un nudo a la correa de cordón que llevaba en aquel tiempo, a la distancia en la que me sentía en control de la situación y, al caminar por las calles transitadas, no dejaba que se separara de mí más de lo que el nudo indicaba. Con un ligero tirón de la correa la atraía hacia mi cuerpo cuando comenzaba a tirar, pero eso no era suficiente.

2. Enséñale a sentarse. Para un cachorro, permanecer sentado es una agonía, porque su joven cuerpo solo piensa en correr y jugar. Es por esto que aprender a sentarse es fundamental. Cuando iba con Lola de camino al parque, mi misión era que ella entendiese que no debía tirar. Cada vez que lo hacía, me detenía y la obligaba a sentarse mientras daba un fuerte golpe en el suelo con el pie. No importaba cuantas veces fuese necesario hacerlo durante el trayecto. La constancia es imprescindible. La fórmula era: tirón de ella = frenada+golpe en el suelo+indicación de sentarse. En cuanto se sentaba, esperaba unos segundos a que se relajase y luego echábamos a andar de nuevo.

Así, una, y otra, y otra vez, hasta llegar al parque. Me daba igual cuanto durase ese recorrido, tenía claro que, en nuestro caso, el viaje era más importante que el destino. Así un día, y otro, y otro más, hasta que ir de tiendas con ella ya no era un suplicio. Hoy, cada vez que me detengo y tenso la correa, se sienta. Cada vez que doy un golpe en el suelo con el pie, se sienta. Cada vez que le digo “sentada”, se sienta. He diseñado una correa con tres puntos de sujeción para poder permitirle diferentes distancias según sea el control que necesite ejercer sobre ella en un momento dado. No me gustan las correas extensibles. Prefiero las clásicas, más si son como la que le he confeccionado a Lola, que me permite acercarla a mi cuerpo de una manera cómoda y segura.

3. Galletas o chuches, esos grandes aliados. Siempre llevaba galletas en el bolsillo, en todos los bolsillos, todo el tiempo. Así le enseñé a hacer sus cosas en el parque. Un pis, una galleta. Una caca, una galleta. Tan lista es Lola que no había terminado de soltar la ultima gota cuando ya se estaba dando la vuelta para pedirme su premio.

Con galletas también le enseñé que ponerle la correa era algo placentero. No me veía persiguiendo a la perrilla para tratar de atarla, mientras que ella corría pensando que era un juego, como hacían otros cachorros. Cada ver que le ponía la correa le daba una galleta. Cuando sentarse se convirtió un gesto casi automático, le decía “sentada”, cuando lo hacía le enganchaba la correa y enseguida la premiaba. Siete años después es un gesto rutinario.

4. Gestos que te facilitan la vida. Por aquel tiempo, tenía un empleo intenso y estresante. Y los nervios suelen atacarme las lumbares, por lo que corría el riesgo de que un tirón me impidiese inclinarme para atar a Lola. Así que, con premios, le enseñe a subirse a los bancos para atarla. Nos acercábamos al banco, le decía “sube”, le premiaba, le ponía la correa, le premiaba de nuevo. Finalmente , le decía “vamos” y emprendíamos el camino a casa.

5. No abraces a las farolas. No entendía porque la mayoría de las personas que paseaban a su perro atado, se pasaban el tiempo abrazando farolas y árboles cada vez que su perro los rodeaba y no regresaba sobre sus pasos. Cuando Lola y yo nos acercábamos a una farola y ella decidía ir por el lado contrario al que yo iba, me detenía y le indicaba que volviese por el mismo sitio donde había ido. Si tu perro aprende esto, también lo hará cuando se meta debajo de una mesa o detrás de un banco, por ejemplo.

Sí, era más rápido abrazar la farola para recuperar la correa y seguir andando, pero esto significa que te vas a pasar la vida demostrando tu amor a todo elemento vertical que te encuentres por el camino, y eso si tus brazos consiguen rodearlo. Es mejor invertir tiempo en enseñar a tu peludo que quejarse durante años.

6. Asegúrate de que vuelve a ti. Creo que la queja más común que tenemos cuando criamos a un cachorro es que, cuando les soltamos, no vuelven. Yo también viví la experiencia de correr detrás de Lola mientras ella perseguía los calcetines de un “runner” decidido a no detenerse aunque yo me dejara la vida en la carrera. El asunto es que si no lo sueltas nunca, tampoco le estás permitiendo aprender a volver en cuanto le llamas. Después de muchas escapadas, comprendí que es importante observar las señales que da tu perro. Determina cuáles son las cosas que atrapan su atención: aves, pelotas, bicicletas, gente corriendo, otros perros… Anticípate. Cuando veas alguno de estos elementos peligrosos en tu camino, toma medidas de prevención. Yo, aún ahora, cuando veo a alguien que va con una bolsa (Lola cree que todas las bolsas contienen algo de comer) comienzo a advertirle “Lola, no”, “Lola, conmigo”, “Lola, ven”. La mayoría de las veces logro disuadirla de acercarse a su objetivo.

Ve con tu perro a una zona acotada, déjale suelto y juega con él a volver a ti. No te rindas, sé constante. Y, cada vez que lo haga, prémiale con una galleta y un mimo. Haz que sea un ejercicio divertido y placentero para él.

7. Ahora me ves, ahora no me ves. Cuando Lola ya había aprendido a obedecer a mi llamada, tenía momentos de despiste. Se alejaba mucho y se distraía, o me ignoraba. Sospeché que ella no estaba pendiente de mí en el parque porque confiaba con que yo siempre estaba al tanto de sus movimientos. Pero podría pasar que fuese yo quien se distrajese, y en ese momento es importante que sea tu perro quien esté atento a tu ubicación. Por esto, comencé a esconderme. En una esquina, detrás de un árbol, en cualquier lugar desde donde pudiese verla sin que ella me viese a mi. Con paciencia la espiaba, la veía oliendo algo totalmente ajena a todo lo demás. De repente, levantaba la mirada y se veía sola… Me buscaba pero no se movía de su sitio. Notaba su nerviosismo, esperaba unos segundos y la llamaba. Me buscaba con la vista, sin moverse demasiado y yo salía de mi escondite. Venía corriendo hacia mí y yo celebraba el reencuentro con halagos y premios. Hoy en día, no me preocupa que se aleje, porque sé que volverá enseguida, por su propia iniciativa o como respuesta a mi llamada.

Para terminar, controla tus nervios. Es difícil, lo sé. Piensas que no puedes con él, que nunca aprenderá, que será un rebelde sin causa toda su vida y que nunca dejarás de perseguirle por el parque. Te aseguro que, si eres constante y firme, llegará el día en que tus paseos con tu perro serán un verdadero placer. Cada vez que la líe, respira y piensa en él como en un niño al que debes educar con serenidad. Repite tus pautas, una y otra vez, verás los resultados. Intenta acompañar tus indicaciones verbales con firmeza y tranquilidad. Si le acostumbras a que te obedezca solo cuando gritas, tendrás que gritarle toda su vida.

Como con los hijos, nunca dejarás de educar a tu perro, pero cada día que pases en su compañía le amarás más y él nunca dejará de enseñarte cosas maravillosas que solo los animales pueden compartir con nosotros. Después de todo, tenemos el deber de enseñarles como vivir en nuestro ambiente, porque hemos sido nosotros los que los hemos arrancado de su entorno natural.

Cuéntanos tus experiencias con tu cachorro, seguro que a muchos principiantes les serán de utilidad. Nos encantará leer vuestras anécdotas más perrunas.

10 de las razones por las que las personas con perro pasamos fácilmente por locas

Hay una frase que suelo decir cuando sale a colación mi desbordado amor por Lola, suena más o menos así: “Todas las personas estamos más o menos locas. Si mi locura son por los perros, me siento orgullosa de haber perdido la razón”.

Me he encontrado por casualidad con este vídeo que se titula “10 razones por las que las personas con perro están locas”. He apuntado los enunciados y ahora, que leo nuevamente el título, me pregunto: ¿estas 10 cosas son las que nos han enloquecido? ¿o son estas 10 cosas las que llevan a que “los no perrunos” piensen que se nos ha ido la cabeza?

En fin, leedlas y sacad vuestras propias conclusiones.

  1. Tu suelo siempre está cubierto de juguetes mordisqueados. En casa no me encuentro muchos juguetes de Lola, pero botellines de plástico triturados hay por cada rincón. Me esfuerzo por quitarle uno antes de sacar uno nuevo, pero pierdo el control de los que andan en circulación. En fin, me consuelo pensando que los llevo al contenedor amarillo con un reciclaje de más.
  2. El menú de tus perros resulta mejor que el tuyo. No creo que Lola esté de acuerdo con esto, pero opino que ella come más sano que yo. Pocas grasas, harinas y nada de azúcar. En mi lista de la compra suelo incluir yogures naturales desnatados, exclusivos para ella, sus galletas para la merienda, palitos para sus dientes y, de cuando en cuando, le doy un huevo cocido, uno de sus manjares preferidos. Sin contar con que no hay día en que yo coma judías verdes, espinacas o brécol que no complemente su ración de pienso con uno de estos ingredientes de mi dieta.
  3. Conoces mejor a los perros de tus vecinos que a tus propios vecinos. Es así, admitámoslo. Los perros son muy educados. Si se cruzan en la calle, se saludan aunque no se conozcan. Terminas reconociéndolos, saludándolos y, si son muy especiales, casi ni te fijas en el humano que va del otro lado de la correa. Quien esté libre de pecado que tire la primera galleta.
  4. No bromeas cuando te refieres a tu perro como a “tu niño peludo”. Y es que son unos eternos niños, aunque sean abueletes, su mirada es siempre inocente y no dejan de pedir mimos como cuando eran pequeñines.
  5. Desconfías de las personas a las que no les gustan los perros. Si alguien pone cara de asco ante un tierno cachorrito ¿no es para desconfiar?
  6. Tu despertador pasa a ser un hocico mojado. En mi caso, no. Lola está sincronizada conmigo. Si duermo, ella duerme. Si me levanto, ella también. Y me gustaría que me despertase a lametones, en lugar del odioso despertador.
  7. Tu perro no se queda sin regalo de Navidad. ¡Si para ella la Navidad es todos los días! No porque le compre juguetes a granel, sino por que cualquier cosa es para ella motivo de inmensa alegría. En realidad, eso es la Navidad.
  8. Las babas pasan a ser parte de tu día a día. Lola no es de babas, pero de pelos sí. En los rincones, en mi ropa, en las cortinas…
  9. Tu perro se convierte en el mejor confidente y amigo. Ah ¿es que hay otros confidentes además de los perros?
  10. A pesar de todo esto, sabes que tener un perro es una de las mejores cosas que tienes en la vida. ¿O no?

Y vosotros, perros del mundo ¿qué pedís en esta Navidad?

Muchas veces me lo pregunto ¿qué es lo que más le gusta a Lola? Le gustan muchas cosas: comer, correr, los días de viento, saludar a humanos propios y extraños, dormir, jugar con botellines de plástico, pasear en coche, las visitas humanas, los mimos, estar en casa, el parque, su cama grande, beber agua del bidé… Pero ¿lo que más le gusta?

Reduciendo la lista, sacando las cosas sin las que podría pasar el día, creo que lo que más le gusta es comer, dormir, los mimos y estar conmigo. Si he de elegir sólo una, estaría entre comer y estar conmigo. Tomando en cuenta que si antes de salir de casa le dejo una de las galletas que más le gustan y al regresar me encuentro con que no se la ha comido, y lo hace sólo segundos después de mi llegada, creo que puedo concluir que lo que más anhela Lola en el mundo es mi compañía.

Y es que estos animalitos que nos entregan su amor y lealtad incondicionales lo que más necesitan es compañía y cariño. Sí, es importante darles una buena alimentación, cuidados veterinarios y comodidades, pero para ellos, somos nosotros lo que más quieren en el mundo. Es por ello que, en estas fechas, os invito a penséis en ello, en la nobleza de sus sentimientos hacia nosotros y en que si es importante estar con nuestros seres queridos en estas fechas familiares, también lo es no dejar a nuestros perrillos solos en casa, porque para ellos sus humanos somos su familia… Si pudiesen pedir un regalo de Navidad a Papá Noel, seguro que pedirían “¡Mimos hasta aburrir!”

Felices fiestas, muchos mimos perrunos y paz para todos los seres vivientes de este enorme planeta.

No es más limpio el perro que no ensucia, sino el que no está en medio cuando limpias

¿Es tu perro de esos que se asustan con el ruido del aspirador? ¿O de los que ven en la fregona y la escoba a dos armas peligrosas? Si, ante la presencia de estos tres limpios enemigos, tu perro opta por quedarse muy quieto en su cama es posible que, sin saberlo, seas una persona con mucha suerte, porque si ya dedicar un día a la limpieza no suele resultar muy divertido, hacerlo bajo la estricta vigilancia de tu perro, te aseguro, no hace la tarea más fácil.

Me gusta ver mi casa limpia y ordenada, pero invertir un día libre en conseguirlo es algo que no me resulta inspirador. Prefiero dedicar ese tiempo a otras cosas más satisfactorias o, sencillamente, a descansar, pero no somos muchos los que podemos librarnos de las labores domésticas.

Casi desde el principio acudo a uno de mis mejores aliados, el aspirador. Cuando Lola ve que abro el armario donde lo guardo, parece decir “¡Comienza la fiesta!“. Observa atentamente cómo lo saco y me acompaña, moviendo el rabo, hasta donde acostumbro a comenzar la labor, mi habitación. Una vez allí se convierte en una supervisora de primera línea. Se coloca siempre en el camino del aspirador o se sienta encima del cable, y sólo cuando el fuerte tirón parece indicarle que está “estorbando un poco” es cuando se mueve, muy perezosamente eso sí.

Barrer la terraza siempre resulta complicado cuando la perrita está de por medio. Porque es literal, se pone justo en medio. Con tanto espacio, ella decide que el punto más agradable para observarme es exactamente donde voy acumulando el polvo, primero lo huele muy bien, ensuciándose bastante la nariz y luego se sienta encima. Sólo se escucha el sonido del cepillo frotando el suelo y una frase que se repite una y otra vez “¡Quita, Lola, por favor!“.

Luego viene el momento de sacar las plantas de interior para limpiar el salón más fácilmente y, de paso, regarlas con comodidad. Voy llevando los maceteros uno a uno a la terraza mientras ella me acompaña, pero no a mi lado, ni detrás de mí, no… Delante, guiándome por un camino que me sé de memoria, pero despacio, muy despacio, como quien cuenta con todo el tiempo del mundo para aspirar, quitar el polvo, recoger, limpiar, fregar y, finalmente, recobrar el aliento.

Una vez que las he sacado todas, abro el grifo de la manguera para regarlas generosamente y Lola, como una planta más, se pone en medio de ellas, camina sobre el suelo mojado para luego entrar a casa con las patitas bien empapadas… ¡Es un encanto!

Pasar la fregona se parece un poco a lo del aspirador, con el ingrediente adicional de la satisfacción que siente Lola al pisar el suelo mojado, supongo que dirá “¡Ah, que gustito se siente caminar sobre esta superficie húmeda!

Creo que cuando limpio el baño es el único momento que no supervisa detenidamente, supongo que no se fía demasiado de ese cajón acristalado donde suelo meterme cual coche en autolavado… Aunque cada día se queda un ratito más.

Seguramente os preguntaréis si no sería más fácil encerrarla en una habitación mientras limpio… Sí, probablemente sería más fácil, pero no más divertido, porque aunque me queje y me ría por no llorar al verla siempre en mi camino, es más lo que me río a la vez que voy preguntándome “¿Qué será lo que le resulta a Lola tan divertido de verme limpiar? No lo entiendo

Al final del día, una buena ducha me devuelve la dignidad, pero no alivia el dolor que comienzo a sentir en todo el cuerpo. Lola termina agotada, no por el esfuerzo, sino porque se ha pasado el día de aquí para allá, detrás -o delante- de mis pasos, sin echar la siesta ni un minuto. Nos metemos a la cama, ella se queda profundamente dormida, yo la observo mientras en mi cabeza sigue sonando una frase “¿Qué será lo que le resulta a Lola tan divertido de verme limpiar? No lo entiendo

De cachorros imaginarios, perejil y otras dudas

Cuando veo a lo lejos una mancha blanca que destaca contra el intenso verde de la hierba del parque me inunda la ternura. Seguro que es Isis, una Golden Retriever que, además de preciosa, es toda dulzura. Aunque sus dueños la quieren y la miman, ella va saludando a todo el que ve en busca de caricias. Se les acerca con la cabecita baja y continúa con el resto de su cuerpo hasta que se tumba y es imposible resistirse a mimar a esa cosita tan adorable.

Isis

Con los perros es lo mismo, va hacia ellos sin importar su tamaño, se tumba a su lado hasta que se enamoran de sus negrísimos ojos y ella les corresponde con lametones y juegos que no tienen fin.

Esta semana ha cumplido un año y su dueño se queja de que no come bien, y que en los últimos días va a peor. El veterinario les indica que tiene un embarazo psicológico. Su único síntoma son las glándulas mamarias abultadas  que expulsan leche con la presión.

El veterinario aconseja dos cosas: administrarle un jarabe o darle un remedio natural del que muchos de nosotros, seguramente, ya hemos escuchado, tortilla de perejil.

Su humana hace una llamada a los propietarios de los padres de Isis, y éstos le comentan que el perejil es tóxico para los perros, contradiciendo la recomendación del veterinario. Yo me quedé a cuadros… He leído muchos artículos que informan acerca de los alimentos prohibidos para los perros y no me sonaba que incluyesen al perejil. Incluso, recordé unos huesos para el cuidado dental que alguna vez le compré a Lola y que destacaban contener perejil como un ingrediente efectivo para combatir el mal aliento canino. Ante la duda, lo mejor es investigar.

Muchos especialistas coinciden en que los alimentos tóxicos para los perros, por excelencia, son: la cebolla y el ajo, el chocolate y los azúcares en general, la lactosa, las nueces, especialmente la macadamia, las uvas y las uvas pasas, el aguacate, los huesos de algunas frutas, el alcohol y el xilitol, edulcorante comúnmente usado en cremas dentales, enjuagues bucales, chicles sin azúcar, medicamentos para la tos, algunos productos de panadería y dulces.

Sin embargo, el perejil parece tener más bondades que consecuencias negativas para los perros. Vamos desde el principio. Esta planta aromática tan conocida se utiliza como condimento en muchas cocinas. Comparte propiedades positivas para perros y humanos, como:

• Un alto contenido de vitaminas A, C, B1, B2, B9, D y K, potasio y antioxidantes naturales que intervienen en el retraso del envejecimiento celular.

• Un elevado aporte de fibra y poco contenido graso.

Propiedades antiinflamatorias y diuréticas: contribuye a eliminar el exceso de líquidos y sodio, tanto en personas como en perros.

Beneficia al sistema cardio-vascular y circulatorio, gracias a su contenido de ácido fólico, además de reducir la presión sanguínea de las arterias.

• Contiene pequeñas dosis de miristicina, compuesto que contribuye en la lucha contra el cáncer de colón, próstata y pulmones.

Específicamente para los perros, el perejil mejora su circulación, huesos, sistema nervioso central y su vista. Después de esta larga lista de bondades ¿de donde viene la opinión de que el perejil es tóxico para los perros? Puede que sea de aquello de que “todo en exceso es malo”.

– Ahora mismo Lola se dedica a una minuciosa limpieza de su zona posterior, ya hablaremos de eso en otro post –

El consumo continuado de perejil, es decir, todos los días o varias veces por día, puede traer como consecuencia la aparición de piedras en el riñón, debido a su alto contenido de ácido oxálico.

Por otro lado, y en sintonía con la recomendación del veterinario de Isis, el perejil fomenta la estimulación uterina, lo que puede provocar abortos, por lo que no se recomienda que se administre a perras embarazadas.

Si por algunas de las características descritas antes, consideras que a tu perro le convendría consumir una dosis moderada de perejil, lo primero que debes hacer es consultar a tu veterinario de confianza. Cada perro tiene un historial diferente y si, por ejemplo, tu perro sufre alguna enfermedad renal, NO es conveniente que coma perejil, porque puede favorecer la aparición de piedras en el riñón.

Si tu veterinario te da luz verde para que se lo ofrezcas a tu pequeño, ya sea por que tiene un aliento capaz de matar, o porque padece de hipertensión o retención de líquidos, lo que se recomienda es que coma pequeñas cantidades de hojitas crudas junto con su comida. Como la mayoría de los frutos y vegetales, mantiene más propiedades si no está cocido.

Como en muchos aspectos de la vida, no te quedes con una sola opinión. Contrasta cualquier sugerencia con profesionales o personas con experiencia. Cada perro es único, con su propia personalidad fortalezas y debilidades físicas. Y recuerda, todo en exceso es perjudicial.

¿Tu perro es un excavador? Rascar y comer, todo es empezar

Puesta a buscar empleo, Lola podría ser ayudante de jardinería. Se le da bien excavar, en la hierba cuando se aburre. En la arena de la playa. En dos rincones del suelo del baño. En su cama… y en la mía. Cualquier ocasión es buena para demostrar sus habilidades con las patas delanteras. Cada humano tiene sus teorías acerca de por qué su perro ‘rasca’, pero ¿que opinan los más entendidos en hábitos perrunos?

Según mis investigaciones, los perros rascan para dejar su olor, para buscar una temperatura agradable sobre la que tumbarse, para limarse las uñas y como consecuencia de sus genes de lobo. El asunto es que Lola, al menos, no solo rasca su cama y, probablemente, el tuyo tampoco, así que detengámonos un poco en cada teoría.

Marcar su territorio Sí, es probable. Puede que sea por eso que los machos rascan con las patas traseras después de hacer pis, y algunas hembras también. Tal vez así amplíen el radio de olor que ha dejado su orina.

Partiendo de esta suposición, supongo que Lola se haya apoderado de dos esquinas de “mi” cuarto de baño. Es divertido ver como encaja el morro en el vértice y luego se dedica afanosamente a rascar debajo de su barbilla, con tal determinación que cualquiera pensaría que de ello depende su vida. La fuerza de sus patas contra los azulejos dispara sus largas orejas en todas las direcciones y por la curva que se dibuja desde su rabo hasta el inicio de su espalda se podrían deslizar varios ratoncitos intrépidos.

Este ritual dura varios segundos, luego resopla contra la esquina, se da la vuelta y atraviesa la puerta con altivez, como diciendo “misión cumplida”.

En búsqueda de la temperatura pérdida Me parece normal que en invierno excaven en su cama para calentarla un poco. Todos sabemos lo ‘impactante’ que puede resultar tumbarse sobre la ropa de cama helada. También me he fijado que en verano, Lola rasca entre la hierba y se come las raíces, puede ser porque están más tiernas o más frescas.

Haciéndose la “paticura” Creo que rascar sobre una superficie dura y rugosa es el método canino ideal para limarse las uñas. Para Lola lo de las uñas es una asignatura que no supera, no suele rascar en una superficie adecuada, porque los azulejos del baño no valen para esto. Prefiere mordérselas, y me consta que le quedan bastante mal cuando desliza sus garras sobre mi piel ¡auch!

Lo que se hereda no se hurta Al parecer, los lobos excavan por las mismas razones que se atribuyen a nuestros inocentes perros. En su caso, se justifica lo de marcar su territorio con su olor, por proteger a sus crías y esas cosas… Pero, ¿nuestros perros? Si ya sabemos que nuestra casa es suya, y nuestro sofá, nuestra cama, nuestra vida…

A las anteriores, yo añadiría tres hipótesis más:

Por aburrimiento Después de casi siete años con Lola, me he dado cuenta de que le aburre que nos quedemos paradas en el parque. Lo suyo es andar, eso sí, conmigo en movimiento. Si me detengo a hablar con alguien, cosa muy de humanos, ella no se dispara a correr por su cuenta, sino que se queda a mi lado y, claro, se aburre… Comienza a excavar, yo a reñirle, hasta que llega el momento en que me canso de detenerla, me despido y echamos a caminar ¡objetivo perruno conseguido! Lola – 1, humana – 0.

Por ansiedad Rascar las esquinas del baño suele coincidir con los momentos previos a los paseos. Cuando Lola ve que comienzo a prepararme para salir con ella, se vuelve loca de alegría, ladra como diciéndome “¡vamos, vamos, date prisa!”; corre a traer algo para que le lance y ella perseguir o rasca los azulejos del baño. Si, bueno, digamos que puede ser un buen método para liberar el estrés…

Por tocar las narices Acostumbro a poner sobre el edredón de mi cama una mantita con la intención de que sea allí donde Lola se tumbe. Es parte de mi ritual diario al hacer la cama. No creo que ninguna de las teorías anteriores justifique que Lola decida arremeter con sus patas contra la manta justo en el momento es que me estoy duchando, cuando lo único que puedo hacer para detenerla es decirle en voz alta “¡Lola, Lola, para!” desde la ducha y con el agua corriendo… ¡Lo hace para tocarme las narices! Una ducha relajante menos. Lola – 2, humana – 0.

Si es que para nuestros peludines, rascar es como comer, todo es ponerse a ello. Yo paso de evitar que rasque en el suelo de mi baño, los azulejos resisten bastante y, no se sabe, puede que algún día consiga un tesoro, es decir, un hueso, porque oro seguro que no será.